El Canon de la Biblia: ¿qué libros son “Palabra de Dios” y cuáles no?

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La palabra Canon significa, literalmente, “vara de medir”. El canon de las Escrituras se refiere a la lista de todos los libros de que pertenecen a la Biblia.

Para que un libro pertenezca al canon, es absolutamente necesario que el libro tenga autoría divina, esa es la “vara de medir” que usó el pueblo de Dios para aceptar un manuscrito como Palabra de Dios.

El proceso de canonicidad de la Biblia consistió en reconocer aquellos textos que habían sido inspirados por Dios.

Se trata de una colección de libros inspirados por Dios, en los cuales podemos confiar para alcanzar sabiduría y salvación (Dt. 32:47).

>>Lee también: ¿Cuándo y cómo surgió la idea de conformar un Canon de las Escrituras?

Al Canon del Antiguo Testamento

Con respecto al Antiguo Testamento, es preciso decir que Dios inició el canon con los Diez Mandamientos.

“Los Diez Mandamientos fueron el primer registro de la Palabra de Dios en forma escrita”.

Tanto las tablas como la escritura grabada en ellas eran obra de Dios (Éx. 32:16), y fueron depositadas en el Arca del Pacto (Dt. 10:5).

Esta colección creció en tamaño durante la historia de Israel. Moisés, el profeta de Dios, escribió los primeros cinco libros del Antiguo Testamento: el Pentateuco (Dt. 31:24-26; Éx. 17:14; 24:4; 34:27; Nm. 33:2).

Posterior a la muerte de Moisés, Josué recibió la orden de Dios de añadir más escritos a la colección (Jos. 24:26). Así hicieron también los sacerdotes y profetas escogidos por el Señor en el AT (2 P. 1:21).

La ley de Moisés

  1. Génesis
  2. Éxodo
  3. Levítico
  4. Números
  5. Deuteronomio

Los escritores del AT y NT se refirieron a esta sección como “la ley” o “la ley de Moisés”. Se le conoce comúnmente como El Pentateuco.

Los profetas

A. Profetas anteriores

  1. Josué
  2. Jueces
  3. Samuel (1 y 2)
  4. Reyes (1 y 2)

B. Profetas posteriores

  1. Isaías
  2. Jeremías
  3. Ezequiel
  4. Los doce (profetas menores)

Escritos

A. Libros poéticos

  1. Salmos
  2. Proverbios
  3. Job

B. Cinco rollos (Megilloth)

  1. Cantar de los cantares
  2. Rut
  3. Lamentaciones de Jeremías
  4. Eclesiastés
  5. Ester

C. Libros históricos

  1. Daniel
  2. Esdras-Nehemías
  3. Crónicas (1 y 2)

La época de silencio y los libros apócrifos

Después de Malaquías (435 a.C.), Dios no envió más palabras, hasta Juan el Bautista. Durante este periodo de silencio, se escribieron varios libros, considerados apócrifos o deuterocanónicos.

“Apócrifo es un término usado para designar una colección de libros edificantes que no están incluidos en el canon de las Escrituras (Wycliffe, 2016)”.

Pueden contener material histórico y cultural importante, pero no son recomendables para extraer doctrina alguna. Los católicos los incluyeron en sus biblias y les llamaron Deuterocanónicos.En general, estos libros no fueron inspirados por Dios. Ni los judíos ni Jesús o los apóstoles los consideraron parte del canon del AT.

Una corta lista de libros apócrifos, incluidos en la biblia católica romana, son estos: Eclesiástico, Baruc, 1 y 2 Esdras, Tobías, 1 y 2 Macabeos, Judit, Sabiduría.

Alguno podría preguntar: ¿puedo leer estos libros apócrifos? Creo que sí, pues esta lectura podría ser útil para adquirir más argumentos para presentar una defensa férrea de la fe. Sin embargo, hay que tener en cuenta que contienen muchos errores. Miremos algunos:

  • Eclesiástico enseña que dar limosnas hace expiación por el pecado (3:30).
  • Judit y Tobías contienen errores históricos, cronológicos y geográficos, además, justifican la falsedad y el engaño y hacen que la salvación dependa de obras de mérito.
  • En Baruc se dice que Dios oye las oraciones de los muertos (3:4).
  • En 1 Macabeos hay errores históricos.

El Canon del Nuevo Testamento

Este Canon neotestamentario tiene varias características. En primer lugar, se conforma de libros escritos por apóstoles o discípulos directos. Es a los apóstoles a quienes el Espíritu Santo les da la capacidad de recordar con precisión las palabras y obras de Jesucristo, e interpretarlas correctamente (Jn. 14:26; 16:13-14).

Segundo: tienen autoridad divina. Los apóstoles tenían una autoridad igual a los profetas del AT, autoridad para hablar y escribir palabras de parte del mismo Dios. (1 Co. 2:9, 13; 2 P. 3:2; 2 Co. 13:3; Ro. 2:16; Gá. 1:8-9; 1 Ts. 2:13; 4:8, 15).

Tercero: son útiles para edificar a la iglesia, basado en una rigurosa interpretación del Antiguo Testamento. Los escritos del NT contienen la interpretación final, autoritativa y suficiente de la obra de Cristo en la redención. Esta es la más grande revelación, no debemos esperar más (Heb. 1:1-2).

En total, son 27 libros escritos por 10 autores inspirados. El NT se divide al menos en cuatro secciones:

  1. Evangelios: Mateo, Marcos*, Lucas* y Juan.
  2. Historia: Hechos del Espíritu Santo*.
  3. Epístolas: 13 cartas Paulinas, Hebreos*, Santiago, 2 cartas de Pedro, 3 cartas de Juan y Judas*.
  4. Apocalipsis.

Es de resaltar que Marcos, Lucas, Hechos, Hebreos y Judas fueron los únicos libros no escritos por apóstoles, sin embargo, todos los escritores eran discípulos directos de los doce apóstoles y/o Pablo, lo que autentica su veracidad, inspiración divina y autoridad.

¿Deberíamos esperar que algo nuevo sea añadido al canon?

Mi interpretación es que no. En Apocalipsis 22, Jesucristo concluye con un contundente mensaje:

18 Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. 19 Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.

Apocalipsis 22:18-19.

En este pasaje, queda claro que el último libro de las revelaciones de los acontecimientos finales ha concluido la revelación de Dios. De igual manera, en Hebreos 1:1-2, se nos dice que en estos postreros días Dios nos ha hablado por el Hijo, y esto mediante el trabajo literario de sus apóstoles.

En fin, como citó Wayne Grudem, “los cristianos de hoy no tienen por qué preocuparse que algo se haya dejado fuera, ni de que se haya incluido algo que no sea palabra de Dios”. Podemos confiar en que tenemos en nuestras Biblias la Palabra de Dios, y disfrutar de ellas.

Quisiera hacerles algunas preguntas para meditar: ¿Has tenido alguna duda o pregunta en cuanto a la canonicidad de algún libro de la Biblia? ¿Qué motivó esas preguntas? ¿Qué debemos hacer para resolverlas?

¿Qué le dirías a alguien que asegura que un nuevo profeta o apóstol ha surgido en la actualidad para “traer las nuevas revelaciones de Dios”?

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