historia del cristianismo

Seis razones por las que todo cristiano debe estudiar la historia de la iglesia

Es un hecho: el estudio de la historia de la iglesia se ha convertido en un asunto aislado de la iglesia contemporánea, especialmente la que trata con los acontecimientos ocurridos a partir del segundo y tercer siglo, tras la muerte de los apóstoles.

En muchos casos, la responsabilidad de la enseñanza y predicación de este tipo de temas se le ha delegado a seminarios teológicos. El estudio de la historia de nuestra fe cristiana se ha convertido en una materia para los ministros o la élite intelectual, pero no en uno de los pilares esenciales de las congregaciones, para enriquecer su conocimiento sobre el cristianismo que profesan.

Las razones son varias, por una parte, se dice que los asuntos de la historia del cristianismo están por fuera del canon de las Escrituras (que acabó con el libro de Apocalipsis) y que, por tanto, lo que ocurrió posteriormente, no tiene valor doctrinal alguno como para dedicar un estudio serio.

Por otra parte, existe la creencia de que la historia de la Iglesia después del siglo tercero quedó opacada por el surgimiento de la iglesia Católica Romana y toda su inmoralidad, por lo que, aparentemente, estudiar la historia de la iglesia es estudiar la historia de una facción de la fe que se corrompió.

A su vez, la historia de la iglesia ha pasado a un segundo plano porque su estudio puede resultar confuso, monótono o simplemente carente de provecho personal y espiritual. Sin embargo, como afirmó Napoleón Bonaparte, el militar y estadista francés del siglo XVIII: “aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”.

“El estudio de la historia de la iglesia es una parte central de la fe de las congregaciones”.

Su estudio cuidadoso trae múltiples beneficios a los creyentes, entre ellos, comprender la actualidad, considerar el mañana, contemplar la providencia de Dios, conquistar el mal, entender a las personas y cultivar una perseverancia en Cristo, entre otras.

Este ensayo es una exposición de cada uno de los beneficios de que la iglesia implemente un estudio sistemático de la historia del cristianismo, teniendo como telón de fondo los acontecimientos ocurridos durante la reforma protestante (aunque es evidente que cada periodo de la historia del cristianismo ofrece los mismos beneficios).

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Comprender la actualidad

La historia del ser humano en general, y la historia de la iglesia en particular, es un espiral: existen patrones que se repiten cada cierta cantidad de tiempo. Salomón lo expresó en Eclesiastés cuando dijo: “lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol” (Ecl. 1:9).

La historia de la iglesia no sólo presenta hechos aislados que ocurrieron en un pasado lo suficientemente distante como para estudiarlos; la historia de la iglesia tiene que ver con el presente, pues lo determina. 

El doctor Jean Bears dijo que la historia de la iglesia nos ayuda entender por qué estamos hoy aquí y, por ende, vislumbrar de dónde vinieron los errores doctrinales que tenemos hoy y por qué existen diferentes formas de adorar a Dios.

Un vistazo a la reforma protestante del siglo XVI nos puede servir como ejemplo. ¿Cómo ocurrió el declive de la iglesia Católica Romana? Consideremos la siguiente lista, que trajo como consecuencia la enérgica protesta de una sección de la iglesia, entre ellas la liderada por Martin Lutero.

El primer error de la iglesia Católica Romana empezó muy temprano en la historia de la iglesia, cuando interpretaron que la roca sobre la cual Cristo edificó su iglesia fue Pedro (Mateo 16:18) y no el mismo Cristo, la piedra angular. 

En el año 300, los católicos empezaron a orar por los muertos y persignarse. En el 370, tomaron la costumbre de orar a los santos muertos y los ángeles, haciendo imágenes de ellos y violando así el primer mandamiento.

En el 394, los sacerdotes principiaron las misas de forma diaria, con un peligroso énfasis en la enseñanza de que los elementos de la cena del Señor se convierten literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo. En el 431, en el concilio de Éfeso, los católicos anunciaron que María sería considerada la madre de Dios.

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Ya en el 593 los católicos descubrieron (inventaron) la doctrina del Purgatorio, basados en libros apócrifos, que enseña que las personas que mueren sin ser bautizados, pero que eran “buenas personas”, permanecían en un lugar de reposo entre el cielo y el infierno. En el 600, los sacerdotes declararon la necesidad de elevar oraciones a María, los santos muertos y los ángeles, pues se llegó a considerar que cada uno servían como mediadores; como consecuencia, las personas sustituyeron la oración dirigida solo a Dios, mediante Jesucristo.

Cerca del 709, los católicos tomaron la costumbre de besarle los pies al papa, al considerar que éste era un santo representante aquí en la tierra de Cristo.

“En el 786, los líderes católicos empezaron a adorar la cruz, las imágenes y reliquias”.

En el 998, los católicos instituyeron que no se podía comer carne los días viernes, ni tampoco durante la cuaresma, a pesar de no haber sustento bíblico para ello.

En 1079, durante la era medieval, el papa introdujo la doctrina del celibato; desde ese momento, a los sacerdotes no se les permite casarse. En 1090 se inventó el rosario, con el cual se elevaban plegarias a los santos. A su vez, cien años más tarde, en 1190, se introdujo la venta de las indulgencias, que eran documentos firmados por el papa, y que supuestamente aseguraban el perdón de pecados para siempre; con este dinero, los cardenales y papas vivieron vidas lujosas y emprendieron la construcción de ostentosas catedrales. 

En 1215 se formalizó e institucionalizó la doctrina de la transubstanciación, que reza que el pan se convierte en el cuerpo de Cristo y el vino en su sangre, durante la Santa Cena. En 1439 se afirmó, como una forma de salvación, la práctica de los siete sacramentos de la iglesia católica, mientras que en 1545, en el concilio de Trento, en pleno apogeo de la reforma protestante, declararon que la tradición de la iglesia era igual en autoridad a la Biblia. Como si fuera poco, la infalibilidad del papa, que ya se creía pero no se había institucionalizado, se estableció en 1870, por lo que todas de sus palabras eran inerrantes y autoritativas, como las de Cristo.

Esto conduce a un par de preguntas: De la lista mencionada, ¿qué cosas practican los creyentes en la actualidad? ¿Es posible que todavía muchos cristianos protestantes siguen aferrados a las obras y a la autoridad de los hombres, en lugar de a la Biblia y a Cristo? Lo cierto es que estos hechos, como muchos otros que ocurrieron en la historia de la iglesia, nos permiten comprender el momento actual por el que atraviesa la fe cristiana.

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Considerar el mañana

Ligado al punto anterior, la historia de la iglesia nos permite vislumbrar qué se avecina para la iglesia. Como se ha afirmado más arriba, la historia de la humanidad se caracteriza por ser una espiral, en la que los sucesos se desarrollan bajo patrones más o menos predecibles. 

Un ejemplo de esto es analizar cómo, entre el primer siglo y el quinto siglo, el panorama social y religioso del medio oriente fue de gran persecución, así como de expansión del cristianismo. Luego, entre el siglo sexto y el noveno, hubo un declive de la fe, debido a que el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio y gozó de grandes privilegios.

De acuerdo con Michael Delarm, en conferencia para el Seminario Reformado Latinoamericano, la historia de la fe cristiana parece obedecer a periodos de intensa persecución y crecimiento en la fe, seguidos de complejos periodos de paz y corrupción, los cuales se siguen repitiendo en la actualidad.

En palabras de Bears, “no podríamos proceder al futuro con confianza si no sabemos de dónde venimos”. En otras palabras, es gracias al análisis cuidadoso de la historia que podemos ver la manera en la que Dios ha operado para cumplir sus planes en el futuro, en medio de las peores crisis eclesiásticas.

El declive de la iglesia Católica Romana empezó con una afirmación: la tradición y las palabras del papa estaban al mismo nivel de la Palabra de Dios. La reforma protestante llegó para rebatir esto, y volver al fundamento de la iglesia: La Biblia.

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Para dar luces sobre esto, vale la pena examinar el declive de la iglesia Católica Romana hacia principios del siglo XVI. Para ese momento, la iglesia cayó en decadencia y la reforma se presentó como un “volver al camino” de Dios.

Antes de la reforma en 1517, el papado sufrió un debilitamiento estructural importante, porque la Iglesia y el Estado estaban unidos de forma indivisible, a tal punto que las tradiciones y las normas imperiales se convirtieron en autoridad para los creyentes.

De acuerdo con el historiador de la iglesia Justo González, el papa llegó a inmiscuirse tanto en asuntos del imperio, procurando la adquisición de dinero por medio de indulgencias, que se corrompió, deteriorando su relación con el pueblo.

Por ejemplo, ellos argumentaban que no había salvación por fuera de la autoridad del papa y la iglesia Católica, lo que evidentemente ocasionó discordias al interior, especialmente de teólogos, pastores, sacerdotes y monjes que consideraban que las Escrituras en la única norma de fe y práctica.

Para cuando con Martin Lutero clavó sus 95 tesis el 31 de octubre de 1517 en la capilla de Wittenberg, la gente estaba confundida con respecto a la visión clásica de la fe cristiana, por lo que la luz de la protesta permitió un despertar y amor por la Palabra, en medio de un escenario en que la oscuridad reinaba. 

En otras palabras, volver a las Escrituras (y permitirles a las familias tener sus propias Biblias), reavivó el fuego de la iglesia, que, liderada por los reformadores, vieron salir de nuevo el sol de la autoridad de las Escrituras en medio de un periodo de declive moral y teológico. No sólo eso, esta época les permitió a los reformadores desarrollar intensos debates apologéticos en pro de la fe cristiana. 

En últimas, el pensamiento y la erudición teológica tomaron fuerza nuevamente, como ocurre hoy con el despertar de la teología reformada en América Latina, lo cual nos anima a considerar el futuro con esperanza.

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Contemplar la providencia de Dios

Cada uno de los eventos ocurridos en la historia de la fe, empezando desde el Génesis y hasta nuestros días, demuestra la providencia de Dios para conducir los eventos de la humanidad a favor de su plan de redención. En otras palabras, Dios está, continuamente, cumpliendo su plan original; Él diseña los eventos para que se cumpla su voluntad.

Es preciso considerar aquí un breve contexto acerca de las circunstancias de la segunda retirada de la iglesia católica y el cristianismo, entre los años 1350 y 1500, durante el cual se produjo un periodo de decadencia de la fe en gran parte de Europa Occidental, e incluso Oriental, pero que sabemos fue ordenada bajo la providencia perfecta de Dios.

Durante este periodo dela humanidad se empezó a augurar el decaimiento de la iglesia católica, debido a la conquista de gran parte del imperio Romano por mano de los turcos otomanos, que irrumpieron en Europa y redujeron a Grecia y a la península Balcánica, conquistando también gran parte de Hungría y Venecia, amenazando a la Europa Occidental con el que había sido la fuente de su poder político militar. Para 1500, la Europa Occidental estaba políticamente dividida y lo que llegó a llamarse la guerra negra trajo serias consecuencias al cristianismo, porque se redujo el número de franciscanos y dominicos que profesaban dicha fe. 

Por causa del debilitamiento del Imperio y debido a las conquistas que trajeron nuevas religiones y paganismo, se hizo evidente con el tiempo el decaimiento moral del papado, quienes usaban el poder político e intelectual para lograr sus propios fines egoístas, lo que trajo como consecuencia un cristianismo nominal por parte de los ciudadanos.

Sumado a esto, surgieron otras amenazas, entre ellas el renacimiento. Este movimiento socio-cultural enseñaba un tipo de vida enfocada en el hombre, la estética, el arte y la literatura, lo que atacaba ciertas prácticas y costumbres de la iglesia ortodoxa.

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Todo esto contribuyó al secularismo de las sociedades de Europa, que habría de ser más tarde un problema serio en contra del cristianismo. Durante estos tiempos y con el invento de la imprenta, muchas de estas ideas humanistas se difundieron más extensamente.

La respuesta ante estas olas de corrupción fue la realización de distintos concilios ecuménicos (universales), que pretendían reformar la iglesia en aquellas cosas que la estacaban en su aspecto moral y jerárquico. Pero, a pesar de los esfuerzos, no se lograron las reformas morales fundamentales por las que muchos habían luchado; la razón principal es que muchos líderes eclesiásticos no permitían cambios estructurales necesarios para revitalizar la iglesia, debido a que toda la autoridad recaía sobre el papa y sus aliados, hasta que la corrupción alcanzó su cúspide.

Eran tiempos, sin duda, de mucha ansia de poder y prestigio, contrario al espíritu del evangelio cristiano proclamado por los primeros padres de la iglesia. 

A pesar de todo, en este contexto la obra de Dios siguió desarrollándose, aunque silenciosamente, de manera vertiginosa. Aunque los reflectores de la historia estaban sobre los grandes dirigentes de la iglesia católica, como los cardinales, sacerdotes, obispos y el papa, de manera providencial Dios estaba transformado la vida de los más humildes y purificando los odres viejos, tales como los monasterios y órdenes monásticas existentes, para dar inicio a un periodo que se conoció como la pre-reforma. 

Entre las figuras de estas épocas se recuerda a líderes importantes como Erasmo, quien tenía un deseo ferviente por ver a la iglesia purgada de la superstición, y anhelaba un retorno a las enseñanzas éticas de Cristo, intentando para ello romper nexos con la iglesia católica existente. Sus escritos, traducciones del Nuevo Testamento y su fama como un cristiano devoto, dieron lugar a un gran ímpetu entre la sociedad y los pensadores, con el fin de desviar el humanismo de la iglesia, y con este sistema de pensamiento todas las tendencias secularistas y paganas.

Es en este escenario que emergen varias figuras importantes para el cristianismo y el pensamiento teológico actual, como el teólogo John Wycliffe, quien defendió fervientemente el concepto de la autoridad de las Escrituras a pesar de la persecución de la iglesia en su contra.

Estos ejemplos nos animan a entender cómo Dios, en los momentos de mayor declive moral y eclesiástico, preparó el escenario para reformar a su iglesia y enderezar el camino de la fe. ¡Dios es el Dios de la historia, y quien la sostiene en sus manos para cumplir su voluntad!

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Conquistar el mal

Estudiar la historia de la iglesia nos advierte sobre las herejías y falsas enseñanzas que se han propagado a través del tiempo, y cómo podemos evitarlas o desenmascararlas.

En el caso de la iglesia Católica Romana, se sabe que su sistema sacramental es la base de la salvación. ¿Cómo pueden los creyentes evangelizar o presentar defensa de la fe si no entienden los errores que creen sus simpatizantes, desde hace cientos de años? 

Algunos de los sacramentos incluyen la orden santa del sacerdocio que enseña que, si alguno desea mucha gracia, debe convertirse en sacerdote. Si un creyente quiere gracia, debe confiar en la autoridad del sacerdote sobre su vida.

El Bautismo infantil es otro sacramento, que enseña que si un bebe muere antes de ser bautizado, no irá al cielo. Por su parte, la confirmación en la juventud, hecha con el catecismo, le aseguraría a una persona ser miembro de la iglesia católica, sin lo cual no puede ser salvo.

En cuanto al matrimonio en adultez, se enseña que la gracia de Dios para salvación proviene de esta alianza, aunque paradójicamente no se lo permiten a los sacerdotes y monjas hacerlo. Ir a misa también está dentro de la lista; esta actividad se debe hacer regularmente, porque, de lo contrario, se constituye pecado, por lo cual una persona podría perder la salvación.

En cuanto a las penitencias, se refiere a ir al confesionario para pedir perdón de pecados, donde el sacerdote da una penitencia para otorgarle perdón al pecador. Además, este sacramento también involucra la compra de indulgencias por cuantiosas sumas de dinero.

Por último, se sostiene la extremaunción en el lecho de muerte. Este sacramento lo administra el sacerdote a un muerto, para que su alma sea recibida en el cielo. Y esto sin dejar atrás la adoración a María; la iglesia Católica Romana enseñan que María puede salvar a los creyentes, como mediadora del nuevo Pacto.

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Cada una de estas enseñanzas se desarrollaron durante la historia de la iglesia medieval y durante el tiempo de la reforma protestante. Su conocimiento permitió a los reformadores oponerse claramente a dichas herejías.

Aunque este ensayo no pretende hacer una exposición de los errores teológicos que rondaron los pasillos de la historia de la iglesia, no se puede olvidar aquí, por ejemplo, la manera en la que el gnosticismo apareció en el siglo II, al que se respondió con el credo de los apóstoles y la composición del Canon de las Escrituras. 

A su vez, se recuerda la agitada discusión entre Agustín de Hipona y Pelagio sobre el libre albedrío y la corrupción humana, siendo Agustín quien afirmó que el ser humano está completamente depravado en su moral y voluntad, por lo cual necesita una intervención divina por parte del Espíritu Santo para alcanzar salvación. 

La misma doctrina de Pelagio la acuñó el pastor Jacobo Arminio, cientos de años más tarde en el siglo XVI. Gracias a la historia de la iglesia, conocemos que sus seguidores, los Remostrantes, inventaron un sistema de cinco puntos en los que defendían que el ser humano no es corrupto totalmente, y que por tanto puede responder por sí mismo (sin la intervención del Espíritu Santo) al llamado de Dios, rechazándo o aceptando la gracia divina.

A pesar de que, en 1618, en el sínodo de Dort, los pastores de tradición reformada rechazaron los cinco puntos del Arminianismo, respondiendo a ellos con las famosas cinco doctrinas de la gracia, en la actualidad la gran mayoría de iglesias en Latinoamérica son arminianas, lo que demuestra que, aun sin conocer las raíces históricas de esta corriente teológica, se siguen acuñando sus principios.

Otros aspectos como la historia de las denominaciones cristianas o el surgimiento de la teología liberal también son ejemplos de cuán importante es entender la historia de la iglesia para poder vencer el error en la actualidad.

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Entender a las personas

Unido con el beneficio anterior, conocer la historia de la iglesia permite entender las diferencias existentes entre los creyentes y los incrédulos. 

Por ejemplo, al ver con detalle las causas del declive de la iglesia Católica Romana y su corrupción, en contraste con los pre-reformadores y reformadores del siglo XVI, se puede ver que incrédulos y creyentes se diferencian en su alta estima y amor por la Palabra de Dios.

Mientras que, durante la reforma protestante, el Imperio y la iglesia emprendieron una cruenta persecución en contra de los cristianos protestantes reformados a causa de sus creencias, para mantener su corrupción y engaños, los creyentes se mantuvieron fieles al mensaje de proclamar el amor de Cristo a toda criatura.

De manera general, la historia da mucha evidencia palpable sobre el carácter de un verdadero creyente, pero también el carácter de un verdadero incrédulo.

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Cultivar una perseverancia en seguir a Cristo

Cuando estudiamos la historia de la iglesia somos inspirados por aquellos mártires o perseguidos que dieron su vida por la causa del evangelio.

La vida de los líderes de la iglesia es de mucho aliento para comprender mejor la fe puesta en práctica. Por ejemplo, la vida de John Wycliffe, conocido como el lucero resplandeciente de la reforma, enseña sobre la importancia de tener a la Escritura como el centro de la fe.

Entre sus álgidos debates y denuncias, se encontraban duros señalamientos a los dos papas de la época, producto del Cisma de Occidente. Él llegó a llamar a estos obispos como dos lobos y dos demonios que luchaban entre sí. Impulsado por su excepcional conocimiento de las Escrituras, se levantó en contra de lo que todavía hoy es una de las doctrinas esenciales del catolicismo​: la doctrina de la transustanciación, es decir, el cambio de la sustancia del pan y del vino en la sustancia del cuerpo y la sangre de Jesucristo. 

Esta postura y sus denuncias, suscitaron tal rechazo que Juan de Gante, su amigo y miembro de la realiza de Inglaterra, le retiró su apoyo y creó un profundo escándalo en la sociedad inglesa, que le supuso su expulsión definitiva de la Corte y de su cátedra universitaria en la universidad de Oxford.

A pesar de eso, Wycliffe enseñó sobre la predestinación en tiempos en los que las personas pagaban indulgencias para recibir la gracia de Dios y argumentó con vehemencia que el papado no puede decidir quiénes son verdaderos miembros o garantizar la salvación por otros medios distintos a la fe sin obras. 

También repudió las misas por los muertos y señaló que la sinceridad en el culto era mejor que el formalismo y los servicios pomposos que, según él, distraían a las personas de la verdadera adoración. 

Este teólogo fue también el responsable de traducir la Vulgata Latina al idioma inglés, pues insistía que todas las personas podían y debían estudiar las Escrituras por sí mismas, y que la Palabra no era para una élite erudita ni propiedad exclusiva de la iglesia católica. 

Se destaca de él que, al final de su vida, sus seguidores y copartidarios compartieron muchas copias de la Biblia al idioma inglés, lo que produjo un tremendo despertar en grandes zonas de Europa Occidental, lo que dio como origen distintos movimientos pre-reformistas en la época.

Según la tradición, Wicliffe murió en 1384 mientras trabajaba como rector de una iglesia de Canterbury, tiempo en el que se le consideró abiertamente un hereje por parte de la Iglesia católica, por el profundo remezón que produjo al interior de esa institución. Sin embargo, sus trabajos teológicos y libros recuerdan el compromiso inquebrantable de agradar a Jesucristo, por encima de los seres humanos.

A manera de conclusión

La fe cristiana descansa sobre un pilar inamovible que se llama Cristo, la piedra angular de la iglesia. Pero es evidente que, para entender la manera en que este pilar se ha erigido a través de los tiempos, el creyente moderno debe estudiar con atención la historia de la iglesia.

Es en la historia de la iglesia que entendemos cómo ha operado la autoridad, soberanía y providencia de Dios para salvar a su pueblo, como ocurrió en el Antiguo Testamento y todavía cantan algunos salmos recordando las liberaciones pasadas del Señor para Israel. 

Por eso, esta materia no debe ser exclusiva de los seminarios teológicos, sino que debe ser una parte importante de la cultura de la iglesia; el estudio de la historia es crucial para el cristianismo práctico, y sin él será difícil saber cómo la fe ha llegado hasta aquí y qué sigue después.

Si los pastores y líderes no quieren fracasar en su intento por construir el futuro que Dios les ha mostrado, deben prestar atención al desarrollo de la fe en la historia, para no repetir los errores del pasado.

Bibliografía

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Seminario Reformado Latinoamericano (20 mayo 2018). Historia de la Reforma – ¿Por qué estudiar la historia de la iglesia? con Jean Bears – Video 1. https://www.youtube.com/watch?v=t3mOm7KfKdI.

Seminario Reformado Latinoamericano (20 mayo 2018). Historia de la Reforma – Sobre esta roca edificaré mi Iglesia, con Jean Bears – Video 2. https://www.youtube.com/watch?v=KGjb6nWMYCQ