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John Wycliffe: una reforma basada en la autoridad de las Escrituras

Entender las circunstancias que llevaron al debilitamiento de la Iglesia Católica a finales del siglo XVI es de suma importancia para comprender los movimientos subsiguientes a la reforma protestante, pero también como una lección en estos tiempos posmodernos. El periodo de la iglesia medieval tiene mucho que enseñarnos, pues estuvo marcado por un creciente cristianismo nominal y vio emerger una corrupción sin precedentes en el seno de la iglesia cristiana.

Durante el periodo de debilitamiento de la Iglesia Católica, muchos fueron los movimientos y voces que se levantaron para hacer frente a la cada vez más creciente degradación papal, pero sin duda una figura que llama la atención en este escenario tan oscuro es John Wycliffe, un teólogo inglés que fundó el movimiento conocido como los Lolardos o Wycliffismo; un asiduo defensor de la autoridad de las Escrituras en tiempos de penumbra.

Sin lugar a dudas, casi 100 años antes del surgimiento de Martin Lutero, la figura de John Wycliffe fue determinante para propiciar un despertar de la teología basada en las Escrituras en Europa Occidental, teniendo como sello la doctrina de la autoridad de la Palabra y su importante influencia para el desarrollo de la vida cultural, social, religiosa y política. Antes de describir la importancia de este gran teólogo y pensador, es preciso hablar del contexto histórico y político que vivía Europa.

El contexto de la pre-reforma

Este artículo sobre la vida y obra de John Wycliffe y la autoridad de las Escrituras debe iniciar por un breve contexto acerca de las circunstancias de la segunda retirada de la iglesia católica y el cristianismo, entre los años 1350 y 1500, durante el cual se produjo un periodo de decadencia de la fe.

Para cuando Wycliffe se estaba preparando para recibir su doctorado en teología en la Universidad de Oxford (Inglaterra), gran parte del catolicismo se encontraba en una encrucijada. El debilitamiento del cristianismo se produjo en toda la región por la desintegración del imperio Mogólico y el debilitamiento del Imperio Romano, lo que significó parte de la desaparición del cristianismo en China y otras regiones del mundo.

Muchos de los profesantes del cristianismo se hicieron budistas, lo que dificultó la evangelización en estos territorios. En Persia y Asia Central, por ejemplo, los mogoles se hicieron musulmanes, impidiendo seriamente el avance de la fe en esas regiones. El fin de este imperio también supuso dificultades para el comercio transcontinental que había florecido, lo que impidió que los mercaderes compartieran su fe en estos territorios.

Esto, sin duda, trajo problemas para llevar a cabo viajes misioneros desde Europa Occidental, lo que acabó con las empresas franciscanas y dominicas en Persia y en Asia Central, trayendo un duro golpe a las finanzas de la iglesia católica.

Otro factor que sin duda empezó a augurar el decaimiento de la iglesia católica fue la conquista de gran parte del imperio Romano por mano de los turcos otomanos, que irrumpieron en Europa y redujeron a Grecia, la península Balcánica, Hungría y Venecia, lo que supuso una amenaza a la Europa Occidental, que hasta ese momento había sido la fuente del poder político y económico de la iglesia. Para 1500, la Europa Occidental estaba políticamente dividida y lo que llegó a llamarse la guerra negra trajo serias consecuencias al cristianismo, porque se redujo el número de monjes y frailes franciscanos y dominicos que profesaban dicha fe.

Por causa del debilitamiento del imperio y debido a las conquistas que trajeron nuevas religiones y paganismo, se hizo evidente que la fe cristiana atravesaba un periodo de decaimiento moral, siendo el papa la cúspide de la corrupción de la época, quien usaba el poder político e intelectual para lograr sus propios fines egoístas, lo que trajo como consecuencia la desconfianza del pueblo.

Sumado a esto, surgieron nuevas amenazas, como el Renacimiento, que ejerció su influencia sobre la cultural, enseñando un tipo de vida y práctica cristiana enfocada en el hombre, la estética, el arte y la literatura, lo que atacaba prácticas y costumbres de la iglesia ortodoxa, y que incluso llegó al extremo de adoptar una suerte de negación del evangelio cristiano en la vida civil.

Todo esto contribuyó seriamente al secularismo de las sociedades de Europa, aspecto que sería más tarde un problema serio en contra del cristianismo. Durante estos tiempos y con el invento de la imprenta, muchas de estas ideas humanistas se difundieron más extensamente.

En cuanto al cristianismo en el oriente, se sabe que la época de 1350 y 1500 fue una era de oscuridad y desolación sin igual, principalmente por la conversión de Mogolia al budismo y de los mogoles en Persia al islam. Por otra parte, la caída de Constantinopla (entonces capital del Imperio Bizantino y la sede más grande de la fe cristiana) fue fatal, pues los turcos cambiaron el culto cristiano por el culto musulmán, erigiendo una mezquita en ese mismo lugar.

Allí, la ciudadela del cristianismo oriental vino a ser la sede de la cabeza titular de los fieles mahometanos, lo que implicó un descontento generalizado en todas las regiones del imperio con respecto a la vida cristiana, ya demasiado pagana como para afirmar que transitaba por la senda de la verdad.

La respuesta ante estas olas de corrupción y decadencia fue la realización de distintos concilios ecuménicos, que pretendían reformar la iglesia en aquellas cosas que la estacaban en su aspecto moral y jerárquico. Pero a pesar de los esfuerzos, no se lograron las reformas morales fundamentales por las que muchos habían luchado; la razón principal fue que líderes eclesiásticos no permitieron cambios estructurales necesarios para revitalizar la iglesia, pues toda la autoridad recaía sobre el papa y sus aliados. Eran tiempos, sin duda, de mucha ansia de poder, lujo y prestigio, contrario al espíritu del evangelio cristiano proclamado por los primeros padres de la iglesia.

Para finales del siglo XV, junto con la corrupción papal, ocurrió una decadencia en la vida de los monasterios, pues en 1350 la peste negra redujo en número a los que vivían y se dedicaban a estos centros de pensamiento y vida religiosa. Los monjes y monjas se entregaron a vidas promiscuas y muchos dieron rienda suelta a su libertinaje. Como consecuencia, hacia 1500, Europa Occidental cayó en una descristianización, tanto así que, al interior de la iglesia, ya reinaba un mal disimulado paganismo, y en la práctica (aunque no en palabras) la fe cristiana era negada por muchos representantes oficiales.

A pesar de todo, en este contexto la obra de Dios siguió desarrollándose, aunque tras bambalinas. A pesar de que los reflectores de la historia estaban sobre los grandes dirigentes de la iglesia católica, como los cardinales, sacerdotes, obispos y el papa, de manera providencial Dios estaba transformado la vida de los más humildes y purificando los odres viejos (teólogos, líderes de monasterios, feligreses) para dar inicio a un periodo que se conoció como la pre-reforma.

Entre las figuras más destacadas de estas épocas se recuerda a personas como Erasmo, quien tenía un deseo ferviente por ver a la iglesia purgada de la superstición y anhelaba un retorno a las enseñanzas éticas de Cristo, intentando para ello romper nexos con la iglesia católica existente. Sus escritos, traducciones del Nuevo Testamento y su fama como un cristiano devoto, dieron lugar a un gran ímpetu entre la sociedad y los pensadores para desviar el humanismo de la iglesia, así como las tendencias secularistas y paganas.

Resplandece la estrella de la mañana de la reforma

Es en este escenario tan oscuro que emerge una figura importante para el cristianismo de la época y para el pensamiento teológico actual: John Wycliffe, quien defendió fervientemente el concepto de la autoridad de las Escrituras; sin lugar a dudas la piedra angular de la reforma protestante.

Este brillante teólogo nació en Hispwell, Yorkshire, en 1324. Estudio en la Universidad de Oxford y llegó a ser maestro de filosofía escolástica y de teología, con lo que revivió de nuevo algunos postulados de esta corriente teológica tan popular en 950 y que trataba, por medio de los postulados clásicos de la filosofía grecorromana, unir la fe con la razón, colocando siempre la filosofía al servicio de la teología.

Este hombre llegó a ser un erudito destacado y fiel seguidor de los postulados de Agustín y de Platón. Fue un fuerte crítico de algunas creencias existentes que rondaban por la iglesia católica, lo que le valió intensos debates y finalmente el título de hereje.

Con la idea de componer un compendio de Teología, Wycliffe empezó a publicar diversos libros como “De dominio divino y de civil dominio” en 1375; y “De officio regis, De veritate Sacre Scripture y De Ecclesia” en 1378. En estos documentos, Wycliffe​ planteó una doble exigencia a la Iglesia de su tiempo, por una parte, el abandono de las riquezas y por otra la renuncia de las pretensiones temporales, a favor de una Iglesia espiritual conformada por aquellos hombres y mujeres que fueran predestinados por Dios y cuya autoridad suprema fuesen las Escrituras.

Entre sus álgidos debates y denuncias, se encontraban duros señalamientos a los dos papas de la época, producto del Cisma de Occidente. Él llegó a llamar a estos obispos como dos lobos y dos demonios que luchaban entre sí.

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Impulsado por su excepcional conocimiento de las Escrituras, se levantó en contra de lo que todavía hoy es una de las doctrinas esenciales del catolicismo​: la doctrina de la transustanciación, es decir, el cambio de la sustancia del pan y del vino en la sustancia del cuerpo y la sangre de Jesucristo. Su postura y sus denuncias suscitaron un rechazo tal que Juan de Gante, su amigo y miembro de la realeza de Inglaterra, le retiró su apoyo y creó un profundo escándalo en la sociedad inglesa, que le costó su expulsión definitiva de la Corte y de su cátedra universitaria en la Universidad de Oxford.

Entre otras cosas, Wycliffe enseñó sobre la predestinación de los cristianos, es decir, la doctrina que afirma que Dios eligió por su beneplácito y sin méritos humanos a aquellos que salvaría por medio de la fe en su hijo, y esto lo hizo en tiempos en que las personas solían pagar indulgencias (dinero) para recibir la gracia de Dios. El teólogo inglés argumentó con vehemencia que el papado no puede decidir quiénes son verdaderos miembros o garantizar la salvación por otros medios distintos a la fe sin obras.

También repudió las misas por los muertos y señaló que la sinceridad en el culto era mejor que el formalismo y los servicios pomposos que, según él, distraían a las personas de la verdadera adoración. Este teólogo fue también el responsable de traducir la Biblia Vulgata Latina al idioma inglés, pues insistía en que todas las personas podían y debían estudiar las Escrituras por sí mismas y que la Palabra no era para una élite erudita ni propiedad exclusiva de la iglesia católica.

Se destaca de este hombre que, al final de su vida, sus seguidores y copartidarios compartieron muchas copias de la Biblia al idioma inglés, lo que produjo un tremendo despertar en grandes zonas de Europa Occidental, originando distintos movimientos pre-reformistas en la época.

Según la tradición, Wicliffe murió en 1384 mientras trabajaba como pastor de una iglesia de Canterbury, tiempo en el que se le consideró abiertamente un hereje por parte de la Iglesia católica, por el profundo remezón que produjo al interior de esa institución.

Autoridad bíblica sin discusión

Lo que sorprende de la vida de Wicliffe fue su determinación para volver a las Sagradas Escrituras en un tiempo en que la Palabra había sido abandonada por completo.

Ya he dicho que gran parte del declive de la iglesia se debió por el abandono de la fe por un cristianismo nominal, es decir, frío y carente de poder. Los papas de la época medieval se enfocaron en hacer de la Palabra un instrumento de autoridad para obtener dinero y vacantes laborales. Y fue aquí que la doctrina de la autoridad de las Escrituras fue el verdadero luminar o estrella naciente que dio vida a aquella época de oscuridad.

Como se mencionó al principio, la figura de John Wycliffe fue determinante para propiciar un despertar de la teología basada en las Escrituras en Europa Occidental, teniendo como sello la autoridad de las Escrituras y su importante influencia para el desarrollo de la vida cultural, social, religiosa y política de la época.

Es de resaltar aquí que Wycliffe se inclinó, resueltamente, por el realismo contra el nominalismo, en un debate muy acalorado en el que defendía la imperiosa necesidad de toda la iglesia y la sociedad europea de volver a la Biblia y al agustinismo, del que, como se ha mencionado, era un fiel seguidor.

Entre sus declaraciones más importantes resaltaba que el verdadero y auténtico poder está en la Biblia y no en la Iglesia. A esta corriente de pensamiento, para nada alejada de las enseñanzas tradicionales de la iglesia, al menos en los primeros cinco siglos, se le conoció como biblicismo. Wycclife señaló en varias ocasiones que es en las Escrituras donde está la salvación, la revelación y la autoridad, de forma que la salvación viene directamente de Dios, sin intermediarios (la iglesia católica) y que la Biblia era la única fuente de poder.

Para el teólogo inglés, la idea no era juzgar a la iglesia, sino que más bien ella, como cuerpo de Cristo (aunque muy degradado para la época) debía anteponer la autoridad suprema de la Biblia a la eclesiástica, porque ella era la revelación divina.

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Pero, ¿qué es la autoridad de las Escrituras y por qué John Wycliffe la defendió tan enfáticamente en su época, a pesar de la persecución desatada por la iglesia católica? Cuando hablamos de la autoridad de la Biblia, nos referimos a que las palabras de la Biblia son palabras de Dios, de tal manera que no creer o desobedecer alguna palabra de las Escrituras es no creer o desobedecer a Dios. Como consecuencia, se afirma que la Biblia es una autoridad para el creyente porque está inspirada por Dios, es decir, todas las palabras de las Escrituras fueron sopladas divinamente por Dios y por voluntad de Dios; también se refiere a que toda la Biblia es veraz, de tal manera que lo que las Escrituras afirman sobre cada asunto es verdadero y es la verdad; y por último, la Biblia es inerrante, es decir, no contiene contradicciones.

Para Wycliffe era claro que La Biblia es la Palabra de Dios, y la Palabra de Dios es la definición suprema de lo que es verdadero y lo que no es verdadero; la Palabra de Dios en sí misma es la verdad, y por eso cualquier doctrina que no tuviera asidero en ella era en realidad una herejía.

Por ejemplo, en uno de sus libros escribió que toda ley, toda filosofía, toda lógica y toda ética están en la Sagrada Escritura, y la Sagrada Escritura es toda verdad. Cada cristiano debe de estudiar este libro, porque es la verdad de Dios, decía con frecuencia. Además, afirmó que el evangelio es suficiente para gobernar las vidas de los cristianos en todas partes. En otras palabras, John Wycliffe defendió que cualquier otra regla adicional hecha para gobernar la conducta humana, no añade nada a la perfección ya encontrada en el evangelio de Jesucristo.

En una Inglaterra que estaba resistiéndose a los cobros excesivos de rentas del degradante y corrupto papado, basado en mandamientos extrabíblicos, las declaraciones de Wycliffe fueron bien recibidas por muchos, pues libraban a las personas de tener que entregar grandes sumas de dinero a la iglesia a cambio de supuestos beneficios espirituales que no se encontraban en las Escrituras.

Prueba de su amor por las Escrituras y sus convicciones de que eran autoridad suprema para la práctica y la fe del cristianismo de su época, Wycliffe mismo preparó y envió predicadores por todas las partes de Inglaterra, quienes con gozo predicaron donde quiera que podían tener oyentes, por los caminos, las plazas aldeanas y en los patios de las iglesias, incluso en los templos.

Para ayudar a estos hombres en sus misiones, Wycliffe preparo bosquejos de sermones, escribió tratados, preparó paráfrasis de la Biblia y tradujo evangelios y algunas epístolas paulinas para propiciar la evangelización. En fin, su anhelo era que todos pudieran comprender y saborear los misterios de las Escritura por cuenta propia, lo que sin duda fue una importante manera de poner los cimientos de lo que sería la reforma protestante.

La verdadera reforma es un regreso a las Escrituras

Podría decirse que, aunque en la época de este predicador no se logró una masiva reforma al interior de la iglesia católica, los logros de Wycliffe fueron en verdad la primera reforma al interior de pequeñas comunidades de Inglaterra, lo que deja como reflexión que cualquier reforma, bien sea en tiempos antiguos o modernos, empieza con un despertar y una pasión por la lectura, predicación y sometimiento a la Palabra de Dios.

Ha sido gracias a la Palabra que el cristianismo se ha mantenido fuerte a través de todos los siglos, tanto en periodos de la iglesia primitiva, como en la época medieval, reformista y moderna. Cuando una iglesia vuelve a los cimientos firmes de las doctrinas de los apóstoles y los profetas, no hay oscuridad tan grande que la luz admirable del evangelio no pueda superar.

Es impresionante ver cómo los seguidores de Wycliffe dieron fe del poder redentor y transformador de la Palabra, pues se sabe que los Lolardos, el teólogo Jan Hus, los anabaptistas e incluso Martin Lutero recibieron años después las influencias y motivación de este sencillo, pero poderoso pensador cristiano que fue capaz de enfrentar el establecimiento con nada más que las Escrituras (o quizá con todo lo suficiente), y lograr lo que sería un despertar del evangelio en Europa Occidental y en otras regiones.

A manera de conclusión

El pensamiento de Wycliffe representó una ruptura total con la Iglesia católica, en la medida en que él afirmaba que existía una relación directa entre los hombres y Dios, sin la intromisión de la iglesia de Roma, sólo mediante la Palabra.

De acuerdo con su interpretación de la Biblia, enseñó que los creyentes tenían derecho a dirigir sus vidas sin la intervención del papado y puso en tela de juicio las numerosas creencias y prácticas de la Iglesia Católica que no tenían asidero en las Escrituras, señalándolas como contrarias a la tradición de los padres de la iglesia.

También se sabe que Wycliffe condenó la esclavitud y la guerra, defendiendo la idea de que el clero cristiano tenía que seguir el ideal de la pobreza evangélica, predicada por Cristo y sus apóstoles.

Hacia el final de su ministerio, aseguro que mientras tuviera aliento, mientras tuviera vida, hablaría y defendería la palabra de Dios. Exclamó estar dispuesto a defender lo que creía, aún a costa de su propia vida.

De su legado tenemos una de sus frases que más fuerte hablan acerca de su ancla firme en la época de mayor oscuridad en edad media. Él dijo que creía que, al final, la verdad siempre conquistará. Y así sucedió durante la reforma y así sucede en la actualidad con el despertar que está teniendo la iglesia en Latinoamérica y el mundo entero: la Palabra siempre triunfa en épocas de mayor oscuridad y debilitamiento de la fe, de allí que los pastores, maestros y teólogos deben volver a esta doctrina para producir el efecto que Cristo desea para la expansión de su Reino.

Referencias

Bite (14 enero de 2019). JOHN WYCLIFFE: La ESTRELLA de la mañana de la REFORMA | BITE. https://www.youtube.com/watch?v=9hTNDdV4YcY.

González, Justo (1978-1988). Historia del Cristianismo. Miami, Florida: Editorial Caribe.

Grudem, Wayne (2007). La autoridad de las Escrituras. En: Teología Sistemática. Miami, Florida: editorial Vida.

Latourette, Kenneth (1958). Historia del Cristianismo (Tomo I). Texas: El Lucero.

Películas Cristianas (14 de octubre de 2020). Película Cristiana | John Wycliffe, La Estrella de la Mañana. https://www.youtube.com/watch?v=tME4e2u5Puk.

Seminario Reformado Latinoamericano (20 noviembre de 2017). Preparación Providencial para la Reforma. Historia de la Iglesia Medieval, Michael Delarm. Video 21. https://www.youtube.com/watch?v=cRptVLOgN7U.

2 comentarios en “John Wycliffe: una reforma basada en la autoridad de las Escrituras

  1. Gracias Harold en verdad muy interesante la verdad una tiene qué estar muy enterado de todas estas historias (verdades) cuándo tú hablas dé Jesús las personas preguntan mucho y a veces te tienes que confrontar tú mismo sobre lo que vas a decir o lo que es verdad
    Y lo que vives a la luz de la palabra cuando estamos seguros de lo que creemos y tenemos en la palabra podemos hacer un buen uso de ellas

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