Anciano, obispo, pastor: ¿existe alguna diferencia?

Quisiera iniciar este artículo con una formidable reflexión de John MacArthur, en el libro El plan del Señor para la Iglesia.

«El correcto entendimiento del gobierno bíblico de los ancianos fortalece a la Iglesia, y la norma bíblica para el liderazgo de la Iglesia en la pluralidad de los ancianos ordenados por Dios. Además, es el único modelo para el liderazgo de la Iglesia que nos da el Nuevo Testamento. En ninguna parte de las Escrituras encontramos una asamblea local que se gobierna por opinión de la mayoría o por un pastor.

»Bajo el Plan que Dios ha establecido para su Iglesia, el liderazgo es una posición de servicio humilde y amoroso. Los que van a dirigir al pueblo de Dios deben ser un ejemplo de pureza y sacrificio, diligencia y devoción. Y con la tremenda responsabilidad inherente en dirigir el rebaño de Dios viene aparejada la posibilidad de gran bendición o gran juicio. Los buenos líderes son doblemente bendecidos; los malos líderes son doblemente reprendidos: “porque a todo aquel a quien se le ha dado mucho, mucho se le demandará” (Lucas 12.48). Santiago 3.1 dice: “Hermanos míos, no os hagáis muchos maestros de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación”.

»Básicamente, el centro de todo el liderazgo de la Iglesia es el anciano. Los ancianos son los que están encargados de la enseñanza, de la nutrición y de la protección de la Iglesia, y son los ancianos los que son responsables ante Dios en nombre de la Iglesia. Sin embargo, al reunirme con ancianos y pastores de todas partes del país, encuentro que no muchos entienden la gravedad ni la potencialidad de su papel. Al estar inseguros de su función o de su relación con el cuerpo, quedan muy limitados en su capacidad para ministrar eficazmente» (MacArthur, 1991, p. 189).

Pablo expresó este pensamiento a Tito diciéndole: “por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos [plural] en cada ciudad, así como yo te mandé” (Tito 1.5, paréntesis añadido). Con eso en mente, permítame sugerir algunas preguntas clave, cuyas respuestas son fundamentales para la comprensión bíblica del ministerio de los ancianos. No pretendo ser exhaustivo en las respuestas, pero intentaré que sean útiles para la implementación de estos principios en su Iglesia local.

¿Cómo se usa el término anciano con relación a la Iglesia?

Para los judíos no era extraño escuchar la palabra “ancianos”, como parece serlo en nuestro contexto, especialmente en América Latina, en donde muy poca importancia damos a los hombres y mujeres de edad. Para los judíos era muy natural adoptar el concepto del gobierno de los ancianos en la Iglesia naciente.

Este término era el único que estaba libre de toda connotación sacerdotal en el periodo neotestamentario. Era un concepto que no se atribuía a los fariseos y escribas, y que no tenía que ver con el sacerdocio del pueblo de Israel. Esto es significativo porque en la Iglesia de Cristo no existe un rey o sacerdote principal. La Iglesia no tiene un sacerdocio específico porque todos los creyentes son sacerdotes en Cristo Jesús. Por esta razón, el concepto judío de anciano es el que mejor encaja en la clase de liderazgo ordenado para la Iglesia.

El pastor MacArthur explica que “los ancianos de Israel eran hombres maduros. Eran cabezas de familias (Éxodo 12.21); poseedores de un carácter moral fuerte; temerosos de Dios y amantes de la verdad y la integridad (Éxodo 18.20-21); llenos del Espíritu Santo (Números 11.16-17); hombres de sabiduría, discernimiento y experiencia; hombres imparciales y valientes con los que se podía contar para interceder, enseñar y juzgar con justicia y equidad (Deuteronomio 1.13-17). Todas estas características están involucradas en la interpretación judía del término presbuteros. El uso de este término para describir a los líderes de la Iglesia hace hincapié en la madurez de su experiencia espiritual, como se ve en la fortaleza y estabilidad de su carácter moral” (MacArthur, 1991, p. 192).

Es por esto que fue y sigue siendo importante que sean ellos los dirigentes de la congregación, pues al confiar el liderazgo de la Iglesia a miembros con poca madurez doctrinal y carácter espiritual, puede descuidarse la función específica de la congregación y el correcto direccionamiento de la misma.

¿Cómo se relaciona el anciano con el obispo y el pastor?

La verdad acerca de estos tres conceptos es que, en términos bíblicos, todos son sinónimos que representan una cualidad específica de la misma persona.

No hay diferencias en términos, solamente en la forma en la que se ejercen en la misma persona. El término griego para obispo es opískopos, de la cual viene el nombre de la Iglesia episcopal. La palabra griega para pastor es poimen, la cual literalmente significa “hombre del rebaño”. Y la palabra anciano se traduce presbuteros, de la cual tenemos el término presbiterio, que viene a representar en algunas Iglesias una asamblea de pastores o ancianos.

La evidencia textual indica que estos tres términos se refieren a la misma posición. Usted puede observar que los requisitos que se usan en 1 Timoteo 3.1-7 para los obispos son paralelos o iguales a los requisitos que se usan en Tito 1.5-7 para los ancianos.

En primera de Pedro 5.1-2, se usan los tres términos juntos para describir la labor de un mismo siervo. “Ruego a los ancianos (presbuteros) que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad (poimainō) la Grey de Dios que está entre vosotros, cuidando (episkopeō) de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto” (1 Pedro 5.1-2).

En Hechos 20 también se emplean los tres términos de forma intercambiable. En el versículo 17, Pablo reúne a todos los ancianos para darles un mensaje de despedida. En el versículo 28 les dice: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos (epískopos), para apacentar (poimainō) la Iglesia del Señor, la cual Él ganó por su propia sangre” (Hechos 20.28).

De modo que el obispo, anciano y pastor son la misma persona. Tal vez se preguntará: ¿cuál es la diferencia entonces? La diferencia está en las funciones que desempeña en momentos específicos.

La palabra obispo significa “sobreveedor” o “guardián”. También se refiere a “superintendente” y “supervisor”. En la cultura griega, el término se usaba para describir a alguien que estaba a cargo de un pueblo o provincia y que debía dar cuenta al emperador. En el Nuevo Testamento, el obispo es el dirigente, es el responsable de guiar, liderar y proveer la protección general del rebaño (Hechos 20.28). No hay ninguna diferencia entre el obispo y el anciano. Epískopos recalca la función del ministro, mientras que presbuteros recalca su carácter.

Poimen, la palabra para pastor, se usa un buen número de veces en el Nuevo Testamento. Es la palabra más común en la actualidad. No estamos familiarizados con ver al pastor de la Iglesia como un anciano, a no ser, por supuesto, porque sea canoso y se vislumbren sus entradas en la cabeza. Y, aun así, aunque digamos “anciano” al pastor, este podría sentir que están confundiendo su labor. La realidad es que, si el pastor contemporáneo no se identifica así mismo como un anciano o un obispo, aunque considere que son términos anticuados o que denotan una función diferente, es porque dicho pastor no comprende los significados de cada término y su estrecha relación.

En Efesios 4.11 se habla del ministerio del pastor y se utiliza junto a la palabra maestro. En este caso específico, la construcción griega indica que los términos van juntos: pastor-maestro, lo cual está relacionado con el ministerio de la enseñanza de esta persona. Aquí se recalca el papel pastoral de cuidar y alimentar, por lo que el término se relaciona íntimamente con el carácter de un pastor.

¿Cuál es el papel de un anciano?

La responsabilidad primordial de un anciano es cuidar a la Iglesia de Dios. En 1 Timoteo 3.1, Pablo escribió: “si alguno anhela obispado, buena obra desea”. Epískopos, como hemos visto ya, se refiere a sobreveedor y en el versículo 5 del mismo capítulo se nos dice que estas personas deben “cuidar la casa de Dios”. La implicación aquí es que la responsabilidad primaria de un obispo es la de ser guardián y protector de los miembros la Iglesia.

El obispo o anciano debe supervisar los asuntos en la Iglesia local. Observe lo que dice 1 Timoteo 5.17: “Los ancianos que gobiernen bien, sean tenidos por dignos de doble honor”. La palabra griega que se traduce para “gobiernen” se emplea también en 1 Timoteo 3.4-5; 5:12,17, en Tesalonicenses 5.12 (donde se traduce: “y os presiden”), y en Romanos 12.8, donde “gobernar” aparece como un don espiritual (“preside”).

La palabra gobernar literalmente significa “ser el primero”, lo que habla del deber de supervisión general común a todos los ancianos. Sin embargo, aunque los ancianos están llamados a presidir la Iglesia, no están llamados a hacerlo de forma dictatorial, sino a través del ejemplo y la predicación de la sana doctrina (Hebreos 13.7).

Algo importante es que los ancianos no deben funcionar mediante el gobierno de la mayoría o del voto. Es común que la Iglesia desee manejar los asuntos de la congregación conforme les parece que es lo correcto. Sin embargo, los ancianos deben estar tan sumergidos en la Palabra, que al tomar cartas sobre un asunto realmente sea Dios quien da los lineamientos para marchar. Un anciano no debe permitir que otros dirijan por él o escojan por él, aunque sí debe escuchar a su congregación para no caer en soberbia y autoritarismo (vea Santiago 4.6).

Debido a que ellos son el cuerpo gobernante de la Iglesia, todos los ancianos deben tener la mente de Cristo y deben ser guiados por el Espíritu Santo para que haya unanimidad en las decisiones (1 Corintios 1.10; Efesios 4.3; Filipenses 1.27; 2.2). Si, por ejemplo, se presenta un caso de división en la congregación, todos los ancianos deberían estudiar, orar y buscar juntos la voluntad de Dios para lograr un acuerdo. La unidad y la armonía en la Iglesia comienza aquí, en el equipo de pastores.

Permítame resumir la labor de un anciano en la Iglesia local, tomado de un estudio de las cartas pastorales:

1Orar1 Tesalonicenses 1.2-3; 3.9-13
2Evangelizar1 Tesalonicenses 1.4-5, 9-10
3Equipar1 Tesalonicenses 1.6-8
4Defender1 Tesalonicenses 2.1-6
5Amar1 Tesalonicenses 2.7-8
6Laborar1 Tesalonicenses 2.9
7Modelar1 Tesalonicenses 2.10
8Dirigir1 Tesalonicenses 2.10-12
9Alimentar1 Tesalonicenses 2.13
10Vigilar1 Tesalonicenses 3.1-8
11Advertir1 Tesalonicenses 4.1-8
12Enseñar1 Tesalonicenses 4.9 – 5.12
13Exhortar1 Tesalonicenses 5.12-24
14Animar2 Tesalonicenses 1.3-12
15Corregir2 Tesalonicenses 2.1-12
16Confrontar2 Tesalonicenses 3.6, 14
17Rescatar2 Tesalonicenses 3.15

Sumado a esto, los ancianos están en la responsabilidad de guardar las ordenanzas, como la cena del Señor y el bautismo, así como determinar el plan de trabajo anual y/o semestral de la congregación.

Rick y Eunice Johnson dicen respecto a las responsabilidades de los dirigentes:

Ustedes, que son los dirigentes, deben ser los primeros en tomar las riendas en los trabajos más humildes. Ustedes deben ser los primeros en reconocer, animar y estimar a los demás y a su trabajo. Cuando sirvan de esta manera, los demás seguirán este ejemplo y todos verán lo que es un equipo.  Su testimonio será una luz para los perdidos y también para las Iglesias institucionales. Pablo, fundador de la Iglesia de Filipos en Macedonia, no sólo mostró una actitud de humildad y equipo con éstos sus hermanos, sino que les instruyó también en lo mismo”.

Johnson, 2013, p. 292.

Desafortunadamente, esta actitud es ajena a muchos líderes contemporáneos. La humildad parece ser una virtud que se ha sepultado metros bajo tierra. Lo cierto es que el ministerio pastoral es un llamado al servicio humilde y sacrificial, en el cual el ejemplo prima como norma invariable para la edificación del rebaño.

Antes de concluir quiero que meditemos en algunas preguntas: ¿cómo se relaciona el termino anciano, obispo y pastor en su iglesia? ¿Hay alguna distinción clara entre el pastor y los demás líderes de la iglesia? ¿Existe la figura de un pastor titular que está a cargo de toda la dirección de la iglesia o por el contrario existe un equipo de pastores (ancianos) que alimentan la grey? ¿Ha considerado la importancia de aplicar el modelo bíblico de los ancianos en la iglesia, de acuerdo a la Palabra? Todas estas preguntan a una sola cosa: redescubrir el ministerio pastoral en las iglesias contemporáneas para la gloria de Dios.

Este artículo hace parte del libro Apacienta mis ovejas, escrito por Harold Cortés. Todos los derechos reservados.