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Jesucristo: origen y esencia de la creación | Toda Escritura

“En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron” (Juan 1.1-5).

Cuando empiezo a estudiar el evangelio de Juan una cosa viene a mi mente: Jesucristo es realmente majestuoso. No estamos en este evangelio ante el simple hijo de un carpintero o un simple líder religioso que vivió hace 2.000 años, ni siquiera estamos frente a un buen rabino hebreo. No estamos frente a un profeta más.

Cuando leemos el primer versículo del capítulo 1 de Juan, estamos frente a frente con el mismo Dios, la segunda persona de una trinidad, el inconmensurable y eterno Dios. Jesucristo es mucho más grandioso y magnífico de lo que podríamos algún día llegar a pensar. Él excede nuestro entendimiento. Su inmensidad, infinitud, poder, eternidad, inmutabilidad, trascendencia, sabiduría, soberanía, exceden los límites de nuestro entendimiento, sobrepasa nuestras mentes finitas. Él supera todo y cubre todo lo que existe, Él es el principio mismo de todo lo que conocemos, es antes de que todo lo que existe existiera. Habita fuera del tiempo y del espacio, y las leyes que rigen el universo no pueden afectarlo en lo más mínimo porque está por encima de todo.

Así empieza el apóstol Juan a describir al protagonista de su evangelio: Jesucristo: el Dios encarnado, el que era desde el principio. Notemos lo que dice el versículo 1 de Juan 1: “En el principio existía el Verbo”.

Mucho tiempo y energía ha gastado el ser humano intentando descubrir la manera en que la vida tuvo su origen. ¿Cómo se creó todo lo que conocemos? Quisiera referirme a varias de estas teorías, para luego hacer un contraste con el versículo 1 de Juan 1.

Algunas teorías sobre el origen del universo

Una de ellas y la más conocida es la famosa teoría del Big Bang, o teoría de la Gran Explosión, que entiende el origen del universo desde un principio en el que toda la energía estaba concentrada en un punto diminuto de un tamaño más pequeño que un átomo. En un momento dado, este punto diminuto colapsó, liberando toda la energía contenida y dando origen al universo.

Ahora, algunos científicos han introducido una teoría más para explicar por qué la gran explosión o Big Bang no dio como resultado caos y desorden, sino un universo tan perfecto como el que tenemos. Como saben, una explosión no tiene como resultado una materia ordenada, simétrica, bien distribuida, sino que fragmenta la materia, la deja sin forma. Según la teoría inflacionaria, la gran explosión o Big Bang se produjo de forma tan uniforme que dio origen a planetas esféricos y un sistema solar capaz de atraer hacia sí a los astros,  lo que da origen a la vida en el planeta Tierra.

Hay otra teoría conocida como la teoría del estado estacionario del universo. Esta teoría sostiene que el universo es una entidad perfecta y que, a pesar de estar en expansión, esta perfección no varía gracias a la creación constante de materia.

Una teoría más conocida como el Universo Oscilante, propone un universo cambiante en procesos cíclicos. Estos procesos cíclicos estarían compuestos por un Big Bang, seguido de una expansión que terminaría finalmente en un gran Big, que daría origen a otro universo desconocido.

Sin embargo, el evangelio de Juan empieza con una declaración impresionante sobre el origen del Universo. Juan dice: “en el principio era el Verbo”. Analicemos juntos esta expresión parte por parte. Lo primero que dice es: “en el principio”.

El Verbo es eterno y autoexistente

La frase nos remite directamente a los orígenes del universo. Antes que el mundo existiera, antes de que algo fuese creado, antes que cualquier cosa que hoy conocemos tuviese origen, era el Verbo. Para entender mejor el pensamiento de Juan, tenemos que ir a Génesis 1, que describe el relato de la creación del universo.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.

Génesis 1.1-2.

En el principio, en el génesis, en el origen de todo, antes de que cualquier cosa existiera, “creó Dios los cielos y la tierra”. Ahora, observe cómo el apóstol Juan va más atrás en el tiempo, y dice: “en el principio era el Verbo”.

Una de las preguntas que ha dado pie a los científicos para explicar el origen del universo es: “si realmente un ser supremo creó todo lo que existe hoy, si realmente existiera un ser inteligente que diseñó todo el universo y todo lo que conocemos, ¿quién creó a este ser? ¿Cómo puede un ser existir por sí mismo y crear, de la nada, las galaxias, y los planetas, y la tierra y todo lo que existe en ella?

La Biblia no da respuesta a este interrogante, pero lo que sí nos dice y podemos creer es que, en lugar de una explosión accidental, en algún momento del tiempo, Dios existía. Sobre Dios no estaban las limitaciones del tiempo, la gravedad, el espacio, él simplemente estaba allí, en la eternidad. “En el principio era el Verbo”.

Ahora, usted se preguntará: “¿cómo podía existir por sí mismo?”, “bajo qué ley natural o bajo qué poder o energía”. A lo que podemos responder: Dios puede existir por sí mismo, sin impedimentos de ninguna ley natural o energía, porque él es la fuente misma de la energía, en Él está toda la energía y poder que usted jamás podría contabilizar o imaginar, Él no depende de otra cosa para existir como nosotros dependemos del oxígeno. Dios es auto existente, existe por sí mismo y para sí mismo, “en el principio era el Verbo”.

A.W. Tozer dice sobre la autoexistencia de Dios lo siguiente:

Origen es una palabra para una criatura. Los árboles tuvieron su origen, el espacio tuvo su origen, las montañas, los mares: todas las cosas tuvieron un origen, pero cuando usted llega hasta Dios, se encuentra con el único que no tiene origen. Él es la causa de todas las cosas, la causa no causada”.

A.W. Tozer (Los atributos de Dios).

Dios no deriva de nada. Todos derivan de algún otro y todas las cosas derivan de otra. Pero cuando se llega a Dios, Dios no deriva de nada: es increado. Si Dios hubiera derivado de algo, entonces ese algo habría antecedido a Dios.

Jesucristo, poder y sabiduría de Dios

Ahora, centrémonos en la siguiente palabra del versículo 1: “el Verbo”. Por qué Juan usaría esta expresión griega: “Logos”.

Para los griegos, esta palabra significaba “razón divina”, “mente” o incluso “sabiduría”, pero Juan no la usó para intentar describir a Dios a la luz de la filosofía griega. Más bien, Juan uso la palabra logos para referirse a un concepto propio del Antiguo Testamento en el que la Palabra de Dios había creado al mundo.

Observe lo que dice Génesis 1.3: “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz”. La actividad creadora a partir de la Palabra. Salmos 33.6 dice: “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca”. En el principio era la Palabra de Dios, por la Palabra de Dios y no por otra cosa existe todo lo que existe.

Juan usó este término de forma estratégica para referirse a los judíos, quienes aceptaban que por la Palabra poderosa de Dios todo fue creado, pero también la usó para instruir a los griegos y convencerlos de que la verdadera sabiduría es Jesucristo, y que por Él fue creado el universo.

Ahora, usted dirá, ¿cómo puede ser que Jesucristo es la Palabra de Dios? Bueno, Jesucristo es el Verbo porque es el mensaje mismo de Dios, su Palabra. Juan 1.18 dice: “a Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”, en otras palabras, el que ha escuchado y visto a Jesucristo, el Verbo, ha visto y ha escuchado a Dios. Jesucristo es el mensaje mismo de Dios.

Observe lo que dice Hebreos 1.1-3:

Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo. Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder”. Jesucristo es el Verbo, la Palabra creadora que dio origen al universo.

Hebreos 1.1-3.

En el principio, antes de que todo existiera, era el Verbo. Y este Verbo es la segunda persona de la Trinidad, Jesucristo. Qué misterio y qué sabiduría. Jesús le dijo en cierta ocasión a los fariseos: “en verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy”.

Siguiendo en el versículo 1, Juan escribe: “y el verbo era con Dios”. Jesucristo ha habitado desde la eternidad con el Padre y el Espíritu Santo, la trinidad no tiene origen, ha sido siempre la trinidad y lo seguirá siendo eternamente. La trinidad habita en perfecta armonía desde antes de que todo existiera. En ese sentido, Jesucristo, el Verbo de Dios, es eterno, preexistente, nadie lo creó a él, no es un carpintero, no fue un rebelde crucificado en una cruz, no es un hombre común que promovió una revolución durante la época del imperio romano, Él “era con Dios” antes de que todo el universo existiera.

Jesús mismo, cuando oraba al Padre por sus discípulos, dijo: “Ahora, pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17.5). ¿Jesús estuvo con el Padre en gloria antes de que el mundo fuese?

¡Es increíble! Isaías describe esa gloria en el capítulo 6 de su libro:

“En el año de la muerte del rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de su manto llenaba el templo. Por encima de Él había serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria. Y se estremecieron los cimientos de los umbrales a la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo”.

Isaías 6.1-6.

El Verbo, Jesucristo, era con Dios, estaba allí recibiendo aquella gloria de los ángeles del cielo. Y como veremos luego en el versículo 14, voluntariamente este Verbo decidió renunciar a su gloria para venir al mundo y cumplir el propósito de libertar a la humanidad de su pecado, pecado que cometió Adán y Eva en el huerto, pecado que cometimos todos nosotros por causa de Adán, pero que ahora es perdonado por fe en la segunda persona de la trinidad, el Verbo de Dios, Jesucristo, quien se hizo hombre y habitó entre nosotros.

Jesucristo es Dios

La última parte del versículo 1 de Juan 1 dice: “y el verbo era Dios”. No solo Jesucristo existía antes de que todo existiera, y no solo habitaba con la trinidad en perfecta comunión y armonía, sino que el Verbo también es Dios; Jesucristo es Dios.

Recuerdo que una vez un hombre se acercó a un grupo de estudio bíblico que hacía con unos amigos en la universidad y luego de escucharnos hablar por un tiempo acerca de Jesús nos interrumpió y dijo: “no pierdan su tiempo creyendo en revolucionarios y anarquistas como Jesús; Él ya murió, la vida es aquí y ahora”.

Recuerdo que en una clase llamada filosofía de la ciencia, el profesor llegó a un tema relacionado con el origen de las religiones y su impacto en el mundo. Mientras discutía sobre las teorías de la creación, dijo que el cristianismo le ha hecho mucho daño a la ciencia y a la humanidad porque sus seguidores pretender entender los hechos científicos a partir de experiencias milagrosas y sobrenaturales, y luego añadió que Jesús no fue más que un profeta que vivió en una época de la historia, pero que enseñó y predicó cosas sin suficiente peso científico.

No se imaginan cómo me sentía en ese salón. Quería levantarme de mi silla y simplemente ahorcar a este profesor. Simplemente le respondí: “las teorías de la creación y la evolución que usted plantea también necesitan de seguidores que tengan mucha fe para creerlas, las cosas espirituales se han de discernir espiritualmente”. Él sabía que yo era cristiano, constantemente me probaba, pero luego de la respuesta que le di nunca más volvió a referirse a la fe cristiana en sus clases.

Jesucristo es locura para el mundo. Cuando Juan dice que el Verbo era Dios, está apuntando a su naturaleza. Él no era un simple profeta o un simple carpintero, sino que, como dijo Pablo: “agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud” (Colosenses 1.19). Él es 100 % Dios y 100 % humano, y de esto habla el evangelio de Juan.

¿Qué clase de hombre es este?

Quizá recuerden que Jesús calmó la tempestad mientras estaba en una barca con sus discípulos, en medio de tan angustiante momento, todos ellos dijeron aterrorizados: “¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” (Mateo 8.27). En Mateo 14.22-32 se registra el momento en el que Jesús camina por las aguas. Al final de este sorprendente suceso, el texto dice: “Entonces los que estaban en la barca lo adoraron, diciendo: «En verdad eres Hijo de Dios»”. Él es el mismo Dios.

Job dijo sobre Dios:

“Dios es el que remueve los montes, y estos no saben cómo Cuando los vuelca en Su furor; Él es el que sacude la tierra de su lugar, Y sus columnas tiemblan. El que manda al sol que no brille, Y pone sello a las estrellas; El que solo extiende los cielos, Y anda sobre las olas del mar; Él es el que hace la Osa, el Orión y las Pléyades, Y las cámaras del sur; El que hace grandes cosas, inescrutables, Y maravillas sin número. Si Él pasara junto a mí, no lo vería; Si me pasara adelante, no lo percibiría. Si Él arrebatara algo, ¿quién lo impediría? Quién podrá decirle: “¿Qué haces?”.

Job 9.5-12.

“¿Qué hombre es éste?”, decían sus discípulos. “El Verbo era Dios”, dice Juan.

Sobre este Verbo habla Juan en su evangelio. El versículo 2 de Juan 1 reitera la idea: “este era en el principio con Dios”, y luego en el versículo 3: “todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada lo que ha sido hecho fue hecho”.

Jesucristo es el origen de la creación

Una cosa que me sorprende de Jesucristo es que, como Palabra misma de Dios, es el origen de todo lo que existe. Jesucristo fue el agente de Dios Padre que participó en la creación de todas las cosas del Universo.

Cada átomo, cada célula, cada gota de agua y cada planta y árbol, cada montaña, mar, río, cada bestia del campo y del mar todo animal que vuela, todo el universo con cada constelación, agujero negro, galaxia y todos los misterios que esconde el cosmos fueron hechos a partir del poder creador de la segunda persona de la trinidad: Jesucristo.

Colosenses 1.15-17 dice: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen”.

No solo toda la creación fue creada por medio él, sino que él la sostiene. Se ha preguntado cómo ha podido la tierra autosostenerse durante miles de años, día tras día, hora tras hora. Jesucristo, el Verbo de Dios, la sostiene con el poder de su Palabra.

Las fuentes de agua siguen brotando a pesar de la acción destructora del hombre; el ciclo del agua sigue ejecutándose cada día en cada parte del planeta; el ciclo del oxígeno no se detiene, formándose a partir del intercambio del dióxido de carbono que exhala el hombre y el oxígeno que producen las plantas. Tenemos este equilibro perfecto entre el sol y la temperatura del globo terráqueo: unos cuántos kilómetros más alejados del sol serían suficientes para congelar el planeta y unos cuántos kilómetros más cerca bastarían para elevar a temperaturas insostenibles la atmósfera terrestre.

La inclinación de 23.5 grados de la tierra permiten que existan estaciones y permite que la gran mayoría del planeta sea habitable. La luna, esta suerte de roca espacial magnífica ilumina todo el planeta y su atracción gravitacional es tal que controla las mareas, permitiendo el equilibrio de la vida en los océanos.

Se ha preguntado cómo ha podido la tierra autosostenerse por miles de años: porque Jesucristo está allí sosteniendo el universo con su mano, sin Él nada permanecería en pie, sin su acción divina en el mundo seríamos como un montón de átomos dispersos sin utilidad.

“Jesucristo es Dios, todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho, dependemos de Él. Nos debemos a Él, en Él somos, en Él existimos”.

Note lo que dice el versículo 4 de Juan 1: “en Él estaba la vida”. No solo en Él está el haber creado a todo ser viviente en la tierra, sino que en Jesucristo está la vida eterna, es decir, la salvación. Durante la lectura del evangelio de Juan encontraremos cerca de 30 veces la palabra vida, mucho más que en cualquier otro libro del Nuevo Testamento, y denota en la mayoría de los casos salvación. Jesucristo mismo es la salvación, solo a través de Él podemos tener vida.

Juan lo dijo en el capítulo 20 versículo 31, hablando acerca del propósito del libro: “pero estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo en Él, tengáis vida en su nombre”.

En Él estaba la vida eterna, y esta vida es la luz de los hombres, versículo 4 capítulo 1. Aquí Juan está recordándonos que Jesucristo no solo es la salvación de los seres humanos, sino que es la luz de los hombres, la verdad misma de Dios. Quienes creen en Él, jamás tropezarán en las escabrosas calles del pecado.

La luz de Jesucristo prevalecerá

El versículo 5 es una tremenda declaración del apóstol Juan que nos recuerda que la luz, la verdad, siempre prevalecerá, es decir, vencerá a las tinieblas: “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”.

Aunque parezca que la maldad vencerá el bien, al final Cristo prevalecerá por sobre toda su creación, su verdad se establecerá en todo el universo, todo lo que existe, toda la humanidad, reconocerá que Él es Dios.

Hace un tiempo alguien me preguntó: “si en realidad Dios creó el mundo, ¿por qué ha permitido que exista también la maldad?, ¿acaso tu Dios no es lo suficientemente bueno y poderoso para hacer que en el mundo no haya maldad?” Miré a esta persona a los ojos y le dije: “Dios está en su trono, sentado sobre los límites del universo, esperando el momento adecuado para ejecutar su santo juicio en la tierra, y su Hijo Jesucristo, por quien creó todo lo que existe, vendrá en poder y gloria para llevarse a los suyos y para ejecutar la ira de Dios en la tierra a causa del pecado, y más vale que cuando ese momento llegue estés en el bando correcto, porque El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento”.

Quisiera preguntarle, qué hará frente a este Dios. Cuál es su respuesta ante este magnífico creador del universo, ante Dios mismo, quien habita en la majestad en las alturas. ¿Entrarás en este gozo y en este tesoro de sabiduría?

En Él está la vida, Él es la luz del mundo, Él es el Verbo de Dios.

Quiere saber por qué fue creado el universo, quiere encontrarle sentido a su vida y tener un propósito claro acerca de su origen y razón de ser, contemple a Dios, contemple su eterno poder y majestad en la persona de Cristo, mírelo en el evangelio de Juan cara a cara y verá claramente el Génesis de su vida y el propósito por el cual usted está en el mundo. Nadie puede conocerse a sí mismo sino a través de Dios, somos hechos a su imagen y semejanza. Mire a este eterno y preexistente Dios, contemple su majestad, Él es el principio de todo lo que existe, Él es Dios.