¿Cómo transformar una iglesia que va por mal camino?

¿Qué hacer en una congregación donde sus miembros no desean ajustarse al modelo bíblico que sus pastores les proponen? Lo mismo que un doctor haría con un paciente que tiene problemas cardiacos y está a punto de sufrir un ataque al corazón, pero no lo quiere aceptar.

Algunos pastores que encuentran oposición en el ministerio prefieren mantener contentos a sus miembros, mientras rehúsan aplicar la Palabra del Señor en cada asunto de la Iglesia. Muchos de ellos afirman que quizá no sea necesario tanto esfuerzo o estar tan estrictamente apegado a las Escrituras. A la larga, sucumben ante la tentación de convertir a la Iglesia de Cristo en una institución al gusto de los asistentes.

Los ancianos deben tener la madurez de inyectar paulatinamente la anestesia necesaria para después operar a corazón abierto los asuntos críticos de la Iglesia. Con esto quiero decir que una buena predicación de las Escrituras, reuniones de edificación y el discipulado, preparan a la Iglesia para los cambios que muchas veces resultan urgentes realizar.

Pastor, usted fue llamado por Dios

Todos los pastores deberían estar tan comprometidos con la obra que no temen aplicar los métodos bíblicos para el beneficio de la grey. Con seguridad, algunos hermanos que llevan muchos años congregándose son los primeros opositores, pues los cambios les producen incertidumbre, pero es necesario que el siervo de Dios sea eso: el siervo de Dios. Observe lo que dijo Pablo a los Gálatas:

Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un Evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el Evangelio de Cristo. Más si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciaren otro Evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”.

Gálatas 1.6-8

Y luego declara con vehemencia en el versículo 10: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”.

Pablo entendía bien que cuando una congregación no se ajusta al modelo bíblico, los pastores deben, humilde y amorosamente, programar una cirugía a corazón abierto.

“Somos siervos de Cristo. No debemos consentir el pecado y mucho menos permitir que el diablo gane terreno en la Iglesia”.

Esto se hace aplicando las Escrituras en cada área de la congregación, pues sólo ellas pueden derribar “todo argumento y altivez que se levanta en contra del conocimiento de Cristo” (2 Corintios 10.5).

Convencer en amor y en doctrina

Una buena manera de hacer esta operación es no forzar al paciente a entrar en la sala de cirugía. Es necesario hacer un chequeo diagnóstico, programar una radiografía, y mostrarle al paciente sus enfermedades, convenciéndole de la necesidad de que acuda a una intervención quirúrgica. Pero, contrario a los médicos seculares, esto debe hacerse con amor y proveyendo esperanza, sabiendo que el médico por excelencia, Jesucristo, nunca falla al realizar la intervención. ¡No hay nada que temer!

Explíqueles a sus miembros, con buenos argumentos, por qué es necesario hacer cambios oportunos y anímelos a estudiar, junto a usted, los pasajes bíblicos que apoyan esta postura. No sea impaciente. Algunos miembros quizá nunca estén de acuerdo con sus métodos hasta que ellos mismos vean los resultados. A los miembros que piensan así debe enseñárseles el valor de honrar la Palabra y desafiarlos a creer en el plan de Dios para la Iglesia. Y, por supuesto, no olvide usar únicamente la Palabra de Dios para realizar estos cambios. Un médico tiene mucho cuidado al utilizar sus herramientas de operación y de igual modo los pastores deben usar el único instrumento que puede penetrar el interior del corazón de la Iglesia: la Palabra. Reflexionemos en los siguientes pasajes:

Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón”.

Hebreos 4.12.

En 2 de Timoteo 3.16-17, Pablo le recuerda a Timoteo que “toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3.16-17).

La Palabra es la única que realmente respalda cada decisión que tomamos en conjunto. Ella es infalible, autoritativa y eterna. Sobre esta roca, su Palabra, es que Cristo determinó edificar su Iglesia (vea Mateo 7.24-27 y compare con Mateo 16.18). La Iglesia no está edificada sobre un hombre, como la Iglesia Católica suelen afirmar. El contexto del pasaje en Mateo 16.18 afirma que la roca en la cual se edifica la Iglesia es la Palabra de Cristo. Bien nos fuera usarla para ser eficaces.

¿Convicciones bíblicas o aprobación humana?

Dag Hammarskjold, hombre de estado y premio Nobel de la Paz dijo: “nunca niegues tu propia experiencia y convicciones por mantener la paz y la calma”. ¿Está temeroso de llevar al paciente a la sala de cirugía? ¿Siente temor en aplicar el modelo bíblico en la congregación? Yo le animo a que reflexione en esto: ¿acaso no sabía usted que de esto se trata ser un pastor?, y si lo sabía ¿por qué no se detuvo a tiempo antes de aceptar el cargo?

Usted puede pasar por alto esto, pero sólo usted será responsable del bienestar espiritual de la congregación y tendrá que rendir cuentas a Dios de lo que hizo con la grey. Le animo a perseverar en ello (1 Corintios 14:37-38), reconociendo que servimos bajo una cabeza, el Príncipe de los pastores (1 P. 5.4).

Este artículo hace parte del libro Apacienta mis ovejas, escrito por Harold Cortés. Todos los derechos reservados.