¿Cómo desarrollar una vida plena en Jesucristo?

Ayer me encontraba haciendo una caminata deportiva y en medio de ese camino, reflexionaba en oración al ver el panorama, las personas en su diario vivir, y se veían con muchos afanes, con sed de plenitud, y recordaba el pasaje que el Señor me había motivado a preparar: Colosenses 1.15-23, el cual estaremos estudiando estos dos domingos en una serie que hemos denominado: ¿Es Jesucristo suficiente para ti? Esta primera parte se llama: ¿Cómo desarrollar una vida plena en Jesucristo? Vamos por favor a nuestras biblias al libro de Colosenses capítulo 1, versículos 15 al 23, el cual estaremos estudiando de manera expositiva para descubrir lo que el Señor hoy nos quiere hablar.

Primero, me gustaría que comprendiéramos un poco el contexto de este pasaje para continuar, tomado como referencia de un estudio sobre la carta de Colosenses. El apóstol Pablo escribió Colosenses por una necesidad exacta, fue dirigida a la iglesia en Colosas, que comenzó durante el ministerio de Pablo en Éfeso (Hch. 19), el cual duró tres años. Su fundador no fue Pablo, quien nunca había estado ahí (2:1), sino Epafras (1:5-7), quien al parecer fue salvo durante una visita a Éfeso, y probablemente después comenzó la iglesia en Colosas cuando regresó a casa. Varios años después de que la iglesia colosense fuera fundada, esta Carta fue escrita (60-62 d.C.), mientras Pablo era un prisionero en Roma.

Fue una carta escrita para creyentes y en un momento donde estaban surgiendo otras formas de creer en Dios, una secta, la cual estaba ofreciendo a las personas plenitud, perfección y satisfacción en Dios de una forma errónea, que contenía elementos de lo que más tarde llegó a conocerse como gnosticismo: que Dios es bueno, pero la materia es mala, que Jesucristo era meramente una de una serie de emanaciones descendiendo de Dios y siendo menos Dios (una creencia que los llevó a negar su verdadera humanidad), y que un secreto, conocimiento que estaba por encima de las Escrituras, era necesario para ser iluminado y para la salvación.

La herejía colosense también incluyó aspectos de legalismo judío, por ejemplo, la necesidad de circuncisión para la salvación, observación de rituales ceremoniales de la ley del AT (leyes de alimentación, festividades, días de reposo). También llamaba a la adoración de ángeles y experiencia mística. Epafras estaba tan preocupado por esta herejía que realizó el largo viaje de Colosas a Roma (4:12, 13), en donde Pablo era un prisionero.

Las prácticas ascéticas (es la doctrina filosófica o religiosa que busca, por lo general, purificar el espíritu por medio de la negación de los placeres materiales o abstinencia) formaban también parte del panorama religioso. El culto a Isis estaba igualmente muy extendido y en Frigia era muy conocido el oráculo de Apolo, y el culto de Ascaneo, el dios principal de Antioquía de Pisidia, era muy popular. Éste era también llamado el culto al dios más alto, que, en el culto de Isis, estaba relacionado con el control de los elementos del mundo por parte de la divinidad.

Un llamado a los creyentes fieles

Es interesante que el apóstol Pablo empieza esta carta saludando a los fieles, por lo que se puede determinar que eran unos buenos cristianos. Pero luego en el vs. 15 en adelante, Pablo responde a los falsos maestros presentándoles la suficiencia de Cristo, y en la actualidad las personas están constantemente buscando la plenitud, el sentirse completos, satisfechos, es allí que lo material, las nuevas formas de creer, de meditar, de reflexionar místicamente, pueden ser una forma tentadora de creer que nos vamos a sentir satisfechos. Sin embargo, Pablo quiere llevarnos a entender que Cristo debe ser suficiente para sus hijos e hijas y por ello nos presenta el argumento por medio de la persona de Cristo en contra de estos falsos maestros, estas falsas formas de ver a Dios.

Es allí donde el apóstol Pablo en el vs. 15 demuestra la primera razón de la plenitud de Cristo en cuanto a su naturaleza misma: Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. El autor de hebreos lo enseña: “Él es el resplandor de su gloria y la expresión (representación) exacta de su naturaleza…” (He 1.3) y el apóstol Juan dijo: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”. Pablo recalca esto, para callar la boca de esta secta, judíos y demás creencias que estaban mostrando como si Cristo no fuera la imagen de Dios.

Es decir que Cristo, en su naturaleza humana, es la revelación visible del Dios invisible y quien le ha visto a Él ha visto al Padre, que maravillosa es la naturaleza de Cristo, la cual debemos contemplar, sabiendo que él fue antes de toda la creación, es decir, es eterno, que más plenitud que esta primera virtud de Cristo que vemos aquí, es más, 1 Timoteo 3:16 dice:

E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad; Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria. Es más, es imposible ver y conocer a Dios si no es a través de la revelación que Él hace de sí mismo a través del Hijo”.

1 Timoteo 3.16

Y si continuamos en el vs. 16 dice: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. No sólo las creó todas al principio; sino que las sustenta, y todo para su gloria misma”.

Entonces, ¿por qué buscar otras cosas que sacien nuestras vidas si tenemos al que sustenta todas las cosas?, vs. 16 dice: “en quien, por el cual, y para quien todas las cosas fueron creadas y luego Pablo añadoe: “Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”.

Cristo es supremo en la creación

La segunda razón de la plenitud de Cristo la vemos en su relación con la creación: “…el primogénito de toda creación”, señala el texto. El vs. 16 recalca “porque en Él fueron creadas todas las cosas”; aquí a Cristo se le llama el “primogénito de toda la creación”.

Este texto es usado por los Testigos de jehová, para enseñar que Cristo es un ser creado. Pero lo que enseña este texto es todo lo contrario. Por una parte, como hemos visto, si el Hijo es la imagen misma del Dios invisible, y si este Dios existe desde la eternidad a la eternidad, también el Hijo debe ser eternamente la imagen de Dios. Si es Padre eterno, es porque desde la eternidad pasada, Cristo es el eterno Hijo. Por otra parte, la palabra primogénito es usada hasta 130 en la Palabra con el mismo sentido que aquí tenemos, el de alguien con prioridad o soberanía, alguien que tiene un lugar especial de preeminencia sobre los demás y no como aquel que es primero en una serie.

Cristo es creador diseñador: “En el fueron creadas todas las cosas…” (v.16a). No solo es el creador, sino que se transmite la idea de que la creación depende de Él. Dice también Hebreos 1.2: “en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo”. Increhíble.

 Si no fuera por Cristo mismo, no estaríamos aquí, siendo sostenidos por Él y perdonados por Dios gracias a Él, nuestro mediador quien es la cabeza de su iglesia, todo fue creado por Cristo, a través de Él y para Él. Debemos enseñar a nuestros hijos y familia que nuestra vida es de Cristo, y esta vida es para glorificarle a Él, porque todos somos creados por Él y para Él, así que todo lo que hagamos en nuestra vida es para su gloria; mi vida no me pertenece.

Cristo es la cabeza de la iglesia, y por tanto del creyente

El versículo 18 de Colosenses 1 dice que Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, “Él, que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia”, es decir, que está por encima de, que es superior a.

“Toda gracia y fuerza son de Cristo; y la Iglesia es su cuerpo, somos su cuerpo, y no necesitamos otra cabeza que dirija nuestras vidas porque Él es la nuestra”.

Cuando Pablo habla de Cristo como la cabeza de la iglesia a los Colosenses, es la misma reflexión que hizo a los Efesios (Efesios 5), la que domina el cuerpo, el cuerpo no anda por un lado y la cabeza por otro, pero hay personas que se llamaban cristianas pero no tenían a Cristo como cabeza, y Pablo le recuerda a estos cristianos que Cristo es la cabeza y si Él es la cabeza de la iglesia es la cabeza del creyente y el creyente en Cristo está seguro. Déjese guiar por la cabeza, dice Pablo, y luego continua expresando: “es el primogénito de entre los muertos”, es decir que fue el primero que resucitó para nunca más volver a morir, y así a su vez nosotros como su iglesia tenemos vida eterna en Él, que vengan los falsos profetas a tratar de amenazar, pero debemos estar tranquilos, Cristo es la cabeza de la iglesia, así que estamos en él, tranquilos.

Toda plenitud habita en la persona de Cristo

Así podemos decir que toda plenitud habita en Él. Según el diccionario de la RAE, plenitud es el “estado de una cosa o persona que ha alcanzado su momento de máxima perfección o desarrollo”, nuestro desarrollo debe darse en Cristo como prioridad. Con frecuencia, pensamos que Cristo es parte de nuestras vidas, decimos: “Él quizá sea una parte importante, pero no todo”. A veces decimos: “necesitamos a Cristo”, pero también buscamos un ritual para complementarlo, “necesitamos a Cristo”, pero buscamos alguna experiencia milagrosa. “Necesitamos a Cristo”, pero buscamos alguna aparición mística. “Necesitamos a Cristo”, pero creemos que debemos adquirir visiones y sueños para sentirnos más conectados con Él, pero la Palabra aquí nos dice “todo está en Cristo y todo está en conocerlo a Él”.

“Toda la carta de Colosenses se centra en Cristo mismo, recordándonos que ‘Él nos libró de la potestad de las tinieblas'”.

Según el capítulo 1 versículo 13, Jesucristo “nos trasladó al Reino de Su amado Hijo.” Nosotros como su iglesia, vivimos en su reino y Cristo es nuestro rey, quien, por Su gracia, nos liberó del reino de las tinieblas. Por lo tanto, cuando usted y yo llegamos al conocimiento de Cristo, y Él se vuelve nuestro rey, entramos en su Reino, y obtenemos redención.

La plenitud de Cristo radica en su capacidad para redimirnos del pecado

Esta es la tercera razón de la plenitud de Cristo, su redención. versículos 19 y 20 de Colosenses dice: “al Padre le agradó que en Él habitará toda la plenitud” (vs. 19), “y por medio de Él Dios reconciliará todas las cosas consigo mismo” (vs. 20), así hermanos que en Cristo habita toda la plenitud, es decir, la máxima perfección de la deidad (2.9). Dios no estaba obligado, Él lo hizo porque lo quiso, eso me lleva a pensar en esas personas que dicen “yo declaro, yo decreto” y empiezan a reclamarle a Dios que les de algo; debemos respetar a Dios, Él hace algo porque Él quiere, no porque nosotros lo exigimos, dice: “por cuanto agrado al Padre”. A pesar del repudio hacia el pecado por parte de Dios, quiso reconciliar consigo al hombre caído.

“Si estamos convencidos de que éramos enemigos de Dios y que ahora estamos reconciliados con Él por el sacrificio y muerte de Cristo, reconoceremos que no necesitamos nada más que nos lleve a la satisfacción plena”.

Antes estábamos apartados y Dios en su amor nos ha reconciliado con Dios, mediante Cristo, nosotros no merecemos nada, Él lo hace porque el desea hacerlo, y Él salva a quien quiere.

¡Qué maravilloso saber que hemos obtenido el perdón de pecados, todos los pecados que jamás hemos cometido, o jamás cometeremos también son perdonados por la muerte de Cristo! Todo está en Cristo. Solo a través de Él fuimos reconciliados con Dios, es a través de Él que somos transformados, convertidos y regenerados.

Note lo que dice el vs. 21-23: “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado, en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; en la frase en su cuerpo de carne, vemos una declaración específica de que Cristo sufrió, no simplemente en apariencia, sino que sufrió en un cuerpo verdadero”. Esta frase fue una respuesta directa a una de las herejías del gnosticismo de la época, que negaba la humanidad de Cristo, de esa manera el apóstol continuó diciendo: “para presentaros santos y sin mancha e irreprochables delante de Él”.

Es cierto que no somos perfectos, ni santos, pero Dios no puede aceptar nada que no sea perfecto. Ese es el motivo por el cual no podemos salvarnos por nuestras obras o por nuestro carácter. Simplemente no podemos alcanzar las exigencias de un Dios justo. Pero Él puede presentarnos sin mancha por medio de Cristo, quien ocupo nuestro lugar y nos hace santos delante del Padre. En 2 Corintios 5:21 Pablo dice: “Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios”.

Después vemos la palabra irreprochable. Y eso significa que no se nos puede acusar, no se nos puede culpar de nada. Es decir, que por medio de Cristo hemos sido justificados, ¿quién puede presentar alguna clase de acusación contra nosotros? Si el juez mismo nos ha declarado inocentes de toda culpa.

Hermanos, ustedes no tienen que buscar sacrificios nuevos, o otras formas de conectarse místicamente con Dios para ser perdonados o justificados, Cristo ya lo hizo todo.

“Como resultado de estar unidos a Cristo, los creyentes ya hemos recibido de Dios misericordiosamente la perfección, plenitud, y satisfacción”.

La responsabilidad del creyente ante la plenitud de Cristo

Si el amor de Dios por nosotros es tan grande, ahora, ¿qué podemos hacer nosotros por él? Vs. 23 dice: “si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro”. Esto es como decir, Cristo reconcilio todas las cosas, tiene todas las actividades de Dios, su espíritu, su sabiduría, su gloria, único mediador de entre Dios y los hombres y les dice a los cristianos de Colosas y a nosotros hoy: “antes ustedes estaban apartados, en pecado, pero por la obra de Cristo le pertenecemos a Dios, y Cristo tomo tu lugar y el mío, aquí no importa que mal, que obras has hecho hoy, debemos seguir creyendo que Cristo nos ha reconciliado con el padre, el pasado ya no importa”.

Cristo está con nosotros, nos sostiene, y en él estamos seguros. Por ello el apóstol Pablo nos recuerda en Romanos 8:35: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?  Y a pesar de lo que pase, por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida ni ángeles, ni potestades, ni principados, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús”, y Cristo Jesús es mi Señor, mi cabeza, quien dirige mi vida.

Pero ojo, aquí Pablo concluye, diciendo: “permaneciendo firmes”. Si somos salvos, vivimos como salvos,  permaneciendo firmes en la fe, no dejándonos llevar de falsas doctrinas, cada día viviendo una vida de oración, lectura de la Palabra y actuando conforme a ese perdón, reconciliación y justificación que ya hemos recibido, aunque primero reconociendo que Cristo es el misterio de Dios, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento (Colosenses 2.2-3). El evangelio mismo que es Cristo, el cual satisface nuestra sed de plenitud, de esta manera, esta satisfacción total nos llevará a servir a Dios con pasión y dedicación, de llevar esta palabra que tanto creemos al mundo, de quien es Cristo.

Aunque la nevera este vacía, aunque la enfermedad llegue, aunque no haya un peso en el bolsillo, digamos Cristo es suficiente en mi vida, encuentro todo en Cristo y no necesito más. Un cristiano feliz en Cristo logra vencer el pecado y dedicarse por completo al servicio de su Señor y salvador.

Esta enseñanza fue compartida en la iglesia Dios es Amor en Bogotá, Colombia, el 4 de octubre de 2020. Derechos reservados.