¿Cuál es el poder y la riqueza teológica del Evangelio de Juan? | Toda Escritura

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Antes de empezar este podcast, quiero decirles que estoy muy emocionado por este proyecto. Sumergirse en las profundidades de la gloria de Dios en las Escrituras es en verdad una tarea apasionante. Dios ha revelado gran parte de sus atributos, deidad y voluntad en las páginas de este libro, e introducirnos en él es como descender a las cámaras secretas de la majestad de Dios, del creador del universo.

El proyecto Toda Escritura es casi que un viaje a través de cinco libros de la Biblia: el evangelio de Juan, los Hechos del Espíritu Santo, las epístolas de Romanos y Hebreos y el libro de Apocalipsis. He querido compartir una serie de enseñanzas, versículo a versículo, de las verdades más impactantes de estos textos inspirados por Dios y empezaremos por el evangelio de Juan, una primera temporada que he llamado: El gran yo soy.

En cada episodio analizaremos capítulos, versículos, palabras, extrayendo su significado original y su aplicación práctica para la vida del que escucha o lee. Nos detendremos a analizar el sentido del texto desde una interpretación histórica, literal y cultural y llegaremos al nervio de cada pasaje, al propósito original que el autor tenía al escribir este evangelio.

Me uno con el apóstol Juan al decir que el propósito de esta primera temporada del podcast es que creamos que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo en Él, tengamos vida en su nombre.

Autor y fecha

Empecemos por decir que el nombre del autor de este libro no aparece en el texto, lo que ha dado pie a que muchos aseguren que se trata de un libro poco fiable. Sin embargo, la tradición de la iglesia primitiva lo identificó con claridad como el apóstol Juan. Según la iglesia del primer siglo, Juan escribió el evangelio durante su residencia en Éfeso, en Asia Menor, cuando ya era avanzado de edad.

Según Clemente de Alejandría, un líder de la iglesia de los años 150 d.C., Juan, consciente de los hechos relatados en los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, se propuso hacer un evangelio espiritual.

Sobre el autor del libro, mientras que en los Evangelios sinópticos se identifica al apóstol Juan por nombre aproximadamente veinte veces, él no es mencionado directamente por nombre en el Evangelio de Juan, en lugar de eso, se identifica como el discípulo “al cual Jesús amaba”. Es increíble que Juan decidiera no citarse por nombre propio, lo que muestra la humildad y la clase de relación que tenía con Jesús, simplemente se llama a sí mismo: “el discípulo al cual amaba Jesús”.

Para los recipientes originales de este libro, era un hecho que había sido escrito por Juan, él era un hombre bien conocido en las iglesias de Asia Menor, y esto es importante aclararlo porque en la época abundaban los falsos evangelios, firmados a nombre de un apóstol, pero falsos, lo que se conoce como apócrifos.

Ahora, Juan era el hermano de Jacobo y ambos eran conocidos como “los hijos de Zebedeo” (vea Mateo 10.2-4), y Jesús les dio el nombre de “hijos del trueno”, por su carácter impulsivo y emocional. Lucas 6.12-16 nos recuerda que Juan fue un apóstol y uno de los tres discípulos más íntimos de Jesús, junto con Pedro y Jacobo. Juan fue un testigo ocular y participante del ministerio de Jesús. No escribió el libro basado en declaraciones externas, realmente fue un testigo de Jesús.

Gálatas 2.9 nos dice que este discípulo se convirtió en un pilar en la iglesia de Jerusalén, donde ministró con Pedro durante varios años, hasta que decidió ir a Éfeso, antes de la destrucción del templo, desde donde escribió este Evangelio y desde donde los Romanos lo exiliaron a Patmos, donde escribiría luego el Apocalipsis. A este importante personaje se le atribuyen también la epístola 1, 2 y 3 de Juan.

Juan escribió este Evangelio luego de que estuvieran en circulación los manuscritos de los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, pero antes de escribir Apocalipsis, por lo que este libro que estaremos estudiando se escribió entre los años 80 y 90, es decir, cerca de 50 años después de que fuera testigo del ministerio terrenal de Jesús.

Contexto histórico

Pero, si ya existían otros evangelios y estaban en circulación en varias iglesias de Asia Menor, ¿por qué Juan decidió escribir otro evangelio tantos años después? La tradición dice que Juan tenía conocimiento de los evangelios sinópticos y los había leído. Al parecer, su objetivo era el de hacer una contribución única al registro de la vida del Señor, “un evangelio espiritual” y, en parte, para ser complementario a Mateo, Marcos y Lucas.

Varios aspectos sustentan esto: por una parte, Juan suplió una gran cantidad de material único no registrado en otros evangelios. Por otra parte, la información que añadió ayuda a entender acontecimientos en los sinópticos.

Por ejemplo, mientras los otros evangelios empiezan el ministerio del Señor en Galilea, lo que supone que tuvo un ministerio previo en otras regiones, Juan nos indica que su ministerio inició en Judea y Samaria. En otro caso, registrado en Marcos 6.45, el escritor dice que después de la alimentación de los cinco mil, Jesús hizo que sus discípulos cruzaran el mar de Galilea hacia Betsaida, y Juan registró la razón: las personas querían convertir a Jesús en rey.

Otro aspecto crucial, y la razón por la cual me apasiona este evangelio, es que es el más teológico de los cuatro, empezando su primer capítulo con una declaración sobre la eternidad de Cristo y su obra preencarnada. También da mayor cantidad de material didáctico en comparación a la narración y explica con solvencia la obra del Espíritu Santo. Y este dato es impresionante: aunque Juan pudo valerse de los otros evangelios, su relato da cuenta de la obra del Espíritu Santo en él para recordarle todo lo que Jesús dijo. Realmente era un hombre inspirado por Dios.

Juan escribió este evangelio con un propósito evangelístico, ya lo he dicho: “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo en él tengáis vida eterna”. Pero en esta declaración se esconde un propósito apologético, de defensa de la fe, este autor intenta convencernos de la identidad de Jesús como el Dios-hombre encarnado, en cuya naturaleza divina y humana estaba perfectamente unida la persona de Cristo, el Mesías, el salvador del mundo.

Este magnífico evangelio nos presenta siete señales milagrosas y siete declaraciones asombrosas, con el único propósito de producir fe en sus lectores.

Jesús convirtió el agua en vino. Juan 2.6-11: “Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros. Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, 1y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; más tú has reservado el buen vino hasta ahora. Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él”.

Sanó al hijo de un hombre noble. Juan 4.46-54: “Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue”.

Sanó a un hombre paralítico. Capítulo 5.1-18: “Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día”.

Alimentó a una multitud hambrienta. Capítulo 6.1-15: “Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer (…) Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían (…) Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo”.

Caminó sobre el agua. Capítulo 6. 16-21: “Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy; no temáis”.

Sanó a un hombre ciego. Capítulo 9.1-41: “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo”.

Resucitó a Lázaro. Capítulo 11. 1-57. “Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. Y luego en el versículo 15 Jesús se alegra de que no haya estado cerca de Lázaro el día que murió, dice Jesús: “para que creáis”.

Enseguida, ya en el sepulcro donde habían enterrado a Lázaro, Jesús le dijo a Marta: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: !!Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir”.

La última señal es muy particular: la pesca milagrosa en el mar de Tiberias, luego de la resurrección de Jesús, inaugurando la cosecha que vendría en el tiempo de la primera iglesia de Cristo.

Junto con esto, encontramos siete sorprendentes declaraciones de Jesús, que vinieron a complementar los milagros que había hecho: Yo soy; Él une su Yo soy con siete metáforas tremendas que expresan su relación salvadora con el mundo: Yo soy el pan de vida (capítulo 6.35); yo soy la luz del mundo (8.12); yo soy el buen pastor (10.11); yo soy la resurrección y la vida (11.25); yo soy el camino, y la verdad, y la vida (14.6); yo soy la vid verdadera (15.1).

“Él es nuestro salvador del mundo, de la muerte y el pecado, Él es la imagen misma de la sustancia de Dios, su resplandor y su gloria, Él es el verbo de Dios hecho carne, Él es el Mesías”.

Observe lo que dice Éxodo 3.13 al 15:

“Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. 15 Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos”.

Este es el Jesús predicado en el evangelio de Juan: el gran yo Soy, el mismo Dios encarnado, el Señor de la creación.

Muchos han dicho que el evangelio de Juan es simple, poco profundo, subestiman su riqueza. Pero en realidad, el libro requiere de lectores dispuestos a explorarlo en oración. Como dijo Charles Spurgeon: “Una vida sin oración es una vida sin Cristo”. No solo porque en la oración nos relacionamos con Él, sino porque en la oración somos capacitados para entenderlo a través de su espíritu. Mi anhelo es a que exploremos este tesoro meticulosamente, para descubrir la vasta riqueza que el apóstol, bajo la guía del Espíritu Santo, ha depositado amorosamente en este libro.

Nos enfrentamos a un libro que hará que nuestra visión de Dios se ensanche, que nos confrontará con nosotros mismos y con nuestro pecado, nos guiará hacia delicados pastos por la gracia y misericordia del príncipe de los pastores, y algo más, estaremos cada vez más equipados para servirle como sus siervos.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.

Juan 3.16-19.

Su palabra nos ha sido dada y cavaremos en ella hasta que brote en nosotros la semilla de fe y arrepentimiento. Dios nos guiará.

Una invitación personal

Quisiera que durante esta primera temporada llamada El gran yo soy, estemos en contacto. Si quieren dejarme un comentario o exponer sus dudas sobre cada episodio, pueden escribirme en mis redes sociales, en Facebook, Instagram y Twitter. También pueden dejarme un mensaje en elcaminodedamasco.org.

Los invito a que escuchen estos episodios con mente abierta, permitan que Dios toque las fibras más sensibles de sus corazones con la majestad y la gloria de su Hijo Jesucristo. Cada viernes compartiré una porción de este asombroso evangelio, expuesto versículo a versículo; los animo a que nos ayuden a llegar a más personas, compartan y suscríbanse a este podcast. Dios los bendiga.